Estando aquí el rey Chico entraba y salía en los reinos de Castilla a cosas que le cumplían, donde era de los cristianos favorecido por mandado del rey D. Fernando; y a este tiempo habían ganado los cristianos muchos lugares de Granada, así como Ronda, Marbella y otros pueblos comarcanos, Loja y sus contornos.
El tío del rey Chico no se aseguraba un punto, porque tenía el reino tiranizado y siempre procuraba la muerte del sobrino, porque no reinase, y prometía muchas cosas a quien le matase con yerbas o violentamente; y no faltaron cuatro moros codiciosos a las promesas que le dieron palabra de matar al rey Chico; y para la ejecución los envió con cartas para su sobrino, porque no se recelasen de ellos, atento a que él no le hacía guerra, y que como de paz le enviaba aquel mensaje con blandas y cautelosas palabras, que decían así:
«Amado sobrino: no obstante las causas de las pasadas guerras que habemos tenido por el reino, sabiendo ya que verdaderamente es vuestro por una cláusula del testamento de mi hermano, donde dice que vos sois heredero de él, he acordado que seáis entregado en la posesión de él, y le recibáis debajo de vuestro amparo, como rey y señor de él, dándome un lugar en que esté contento para pasar mi vida, que con esto viviré gustoso; y mirad que os lo requiero de parte de Dios Todopoderoso, y de Mahoma, su fiel mensajero, porque el reino de Granada se va perdiendo, sin que en nada haya reparo. Por tanto, vistos estos mis recados, vos venid a Granada muy seguro, como rey y señor de ella. De todo lo pasado estoy muy arrepentido, y así espero el perdón de vos, como de mi señor y rey; y mirad que si tenemos división y guerras civiles, el reino será perdido; y no viniendo a él, le entregaré a vuestro hermano Muza, el cual lo tiene por deseo de gobernar; y si él se apodera del reino, y los grandes le juramos por rey, con dificultad será desposeído. Ceso, y de Granada etc.—Muley Abdalí.»
Esta carta dio el infante a cuatro moros valientes y conjurados, para que en acabándosela de dar le matasen; y si no pudiesen buenamente salir con su intención, que se viniesen. No faltó quien diese aviso de esto al rey Chico para que se guardase.
Llegados los mensajeros a Vélez el Blanco preguntaron al alcaide Alabez por el rey. Él respondió que allí estaba, y qué era lo que querían.
—Traemos unos recados del rey su tío.
Alabez dijo:
—¿Cómo puede ser su tío rey, habiendo legítimo heredero en el reino?
—Eso no sabemos nosotros —respondieron los mensajeros—, más de que nos mandó venir con estos recados.
—Pues dadme las cartas —dijo el alcaide—, que vosotros no le podéis entrar a hablar.