—Claros, ilustres y muy esforzados caballeros que tan injusto odio me tenéis, sin razón ni legítima causa: bien sabéis como mi sobrino fue alzado por rey de Granada, sin ser muerto mi hermano Mulahacén, su padre, por una causa muy ligera; solo porque degolló cuatro caballeros Abencerrajes, que lo merecían, y por esto le quitasteis la obediencia, y alzasteis a su hijo por rey contra toda razón y derecho; y mi sobrino, habiendo, con vuestro favor, degollado treinta caballeros Abencerrajes sin ninguna culpa; habiendo levantado tal testimonio a su mujer, reina nuestra, por donde tantos escándalos, muertes y guerras civiles ha habido en esta ciudad, le tenéis obediencia y le amáis, sin mirar que no es digno de ser rey, pues su padre es vivo; y sin esto mirad ahora lo que ha hecho y concertado con el rey D. Fernando de Castilla, que le han de dar gente belicosa para hacer guerra con ella a los pueblos que no le han querido obedecer, y siempre han estado en la obediencia de su padre; y más le da al rey cristiano tantas mil doblas de tributo, después de haberse perdido él y los suyos en esta entrega que ha hecho tan sin causa. Ya que Alhama fue perdida, no tenía necesidad sino de reparar las fuerzas, pues Alhama no se podía cobrar al presente, y por tiempo se pudiera restaurar. Pues considerando ahora, caballeros, a vos digo Zegríes, Gomeles, Mazas y Venegas, allegados a mi sobrino con tanta vehemencia, si ahora metiese gente cristiana y guerras en Granada, ¿qué esperanza podríais tener, y qué seguridad para que no se levantasen con su tierra? ¿No sabéis que los cristianos son gente feroz y belicosa, todos con ánimo levantado hasta el cielo? Si no mirad lo de Alhama cómo ha sido, y cuán presto la han atropellado. Pues Alhama gente de guerra tenía dentro para defenderla: mirad cómo no la defendieron. Pues si entrasen estos en Granada, y tuviesen lugar de ver las murallas y torres, ¿quién quita que luego no fuese ganada por los cristianos? Abrid, amigos, los ojos, y no deis lugar a mayores males. Mi sobrino no sea admitido por rey, pues es amigo del rey cristiano. Mi hermano es rey, y por ser ya viejo tengo yo el gobierno de la corona real: si él muere, y mi padre fue rey de Granada, ¿por qué no lo seré yo, pues de legítimo derecho me viene, y la razón lo pide? De necesidad es menester: ahora cada uno responda, y dé su voto a lo que tengo propuesto y dicho, y sea la respuesta tocante al bien del reino.

Fueron tan eficaces estas razones que dijo el infante Abdalí contra su sobrino, que los alfaquíes y demás caballeros, especialmente Almoradís y Marines, fueron de común acuerdo que el rey Chico no fuese admitido en Granada, y que el tío fuese alzado por rey, y entregado en el Alhambra; lo cual le fue dicho a Mulahacén, el que agravado de pesadumbres y males salió de su voluntad del Alhambra, y se apoderó en el Alcazaba junto con su familia; y su hermano fue apoderado en el Alhambra con título de rey, aunque contra la voluntad de los Zegríes, Mazas, Gomeles, Gazules, Alabeces, Aldoradines y Venegas; pero disimularon por ver en qué paraban aquellas cosas.

El rey Chico llegó a Granada con muchas joyas y presentes que el rey D. Fernando le había dado. Los de Granada no le quisieron acoger ni recibir, diciéndole que el moro que hacía alianzas y paces con los cristianos no había que fiar de él. Visto por el rey que no le querían recibir, y sabiendo que su tío estaba apoderado en el Alhambra, se fue a la ciudad de Almería, que era tan grande como Granada, y de tanto trato y cabeza de reino, donde le recibieron como a su rey.

Desde allí requería a algunos lugares que le diesen la obediencia, y si no que los destruiría. Los lugares no se la quisieron dar, por lo cual les hacía guerra con cristianos y moros.

En esta sazón murió el rey viejo, con cuya muerte se renovaron los bandos, porque visto el testamento que había hecho en vida, hallaron en él la traición que su hermano había intentado contra él, y cómo dejaba su hijo por heredero del reino, y que fuese obedecido de todos, y si no, que la maldición de Mahoma viniese sobre ellos.

Por esto comenzaron nuevos escándalos, porque el reino le venía al hijo de Mulahacén, y no al infante. En esto estuvieron tratando muchos días, en los cuales le aconsejaron al infante que procurase con diligencia matar a su sobrino, y muerto, reinaría en paz.

Admitió este consejo, y determinó el ir a Almería a matarle; y primero escribió a los alfaquíes de Almería lo que su sobrino había tratado con el rey D. Fernando, de lo cual les pesó, y le enviaron a decir que ellos darían entrada secretamente en Almería; que le viniese a prender o matar.

Vista esta respuesta por el infante, se partió con secreto llevando algunos caballeros consigo, y en llegando a Almería los alfaquíes les entraron secretamente, y cercando la casa real, procuró prender o matar a su sobrino; pero oyendo el alboroto, avisaron al rey Chico y él escapó huyendo con algunos de los suyos, y se fue a tierra de cristianos.

El infante quedó muy enojado por haberse escapado el sobrino; pero allí en Almería halló un muchacho, sobrino suyo y hermano del rey Chico, y le hizo degollar, porque si el rey Chico moría, pudiese él reinar sin que nadie se lo impidiera: pasado esto se volvió a Granada donde estuvo apoderado del Alhambra y ciudad, y obedecido por rey del reino, aunque no del todo, porque todavía entendían que aquel no era su señor natural.

El rey Chico se fue adonde estaba el rey D. Fernando y la reina Doña Isabel, y contó toda su tragedia; de todo lo cual pesó mucho a los cristianos reyes, y le dieron unas cartas al rey moro para el gobernador y capitán de todas las fronteras del reino de Granada, especialmente para Benavides que estaba en Lorca con gente de guarnición; y dando al rey moro muy grande cantidad de dinero, y otras cosas de valor, le envió a Vélez el Blanco, donde fue bien recibido él y los suyos; y asimismo en Vélez el Rubio, donde estaba un alcaide moro, que se decía Alabez, y en Vélez el Blanco estaba un hermano suyo.