Los moros de Guadix sabido este negocio lo sintieron mucho, y los alfaquíes le rogaron al rey viejo que fuese a socorrer a Málaga, como lo hizo con mucha gente.

El rey Chico supo de este socorro de su tío, y mandó juntar mucha gente de a pie y de a caballo, y fue Muza por capitán de ellos para que les impidiese el paso, y los desbaratase; y así lo hizo, que les aguardó y salió al encuentro, y trabaron una cruel batalla, en la cual fueron muertos gran parte de los de Guadix, y los demás huyeron volviéndose a su tierra admirados del valeroso Muza y de los suyos.

Luego el rey Chico escribió al rey D. Fernando todo lo que había pasado con los moros de Guadix que iban al socorro de Málaga, de lo cual se alegró el rey Católico, y se lo agradeció, y le envió un rico presente; y el rey Chico envió al rey D. Fernando un presente de caballos, muy riquísimamente enjaezados, y a la reina envió paños de seda y perfumes.

Los reyes cristianos escribieron a los capitanes y alcaides fronteros de Granada y sus lugares, le diesen favor al rey Chico contra su tío, y que no hiciesen mal ni daño a los moros, ni tratantes de Granada que fuesen a sembrar o a labrar sus tierras.

El rey de Granada envió a decir al rey D. Fernando, que tenía noticia cómo los moros de Málaga no tenían bastimentos; que les impidiese que por mar ni por tierra les entrasen, y que se rendirían sin falta.

Finalmente, dieron los cristianos tan gran batería a los cercados, que fue ganada Málaga y su distrito; y puesta buena guardia en Málaga y su costa, recibieron los reyes Católicos una carta de Granada, enviada por los caballeros Alabeces, Gazules y Almoradines, la cual decía así:

«Muy poderosos señores: los días pasados hicimos saber a vuestras majestades los caballeros Alabeces, Gazules, Aldoradines, y otros muchos de esta ciudad de Granada que somos de un bando, del cual es también Muza, cómo queríamos ser cristianos y entregar este reino a vuestras reales personas; y pues se ha dado fin glorioso a las cosas del Andalucía, se puede empezar la conquista de este reino por la parte de Murcia, que es cierto que los alcaides de las fronteras y del río de Almanzor se entregarán luego sin defenderse, porque así está tratado entre nosotros; y siendo ganada Almería y su río, que es el más dificultoso, y Baza, se puede cercar a Granada; que te damos fe, como caballeros, de hacer tanto en tu servicio, que Granada se entregue a pesar de todos los que en ella viven. Muza en nombre de los vasallos arriba contenidos besa vuestras reales manos etc. De Granada.»

Escrita esta carta, fue enviada al rey D. Fernando; el cual como entendió las razones, y viendo como los caballeros Abencerrajes que andaban en su servicio procedían tan bien como lo habían escrito, luego se puso en camino para Valencia, y allí hizo cortes; y con el grande deseo que tenía de acabar del todo aquel reino, se vino a la ciudad de Murcia, y allí fue discurrido cómo había de entrar por la parte de Vera y Almería; y resuelto en lo que había de hacer, se fue a la villa de Lorca para desde allí entrar en el reino de Granada.

Fueron de la ciudad de Murcia con el rey D. Fernando muchos caballeros muy principales, los cuales será bien declarar, porque su valor y proezas lo merecían, aunque no se nombrarán todos.

Fueron Fajardos, caballeros de claro linaje, Albornoces, Ayalas, Giles, Galeros, Carrillos, Clavillos, Guzmanes, Riquelmes, Avellanedas, Villaseñores, Comences, Ralones, Pereas, Fontes, Ávalos, Valcárceles, Pachecos, Moncadas, Monzones, Guevaras, Melgarejos, Torrecillas, Llamas, Salares, Eustreros, Andosillas, Loaysas, Iufrentes, Sayavedras, Hermasillas, Pelozones, Balboas, Viloas, Alarcones, Laras, Fauras, Zambranas, Cascales, Sotos, Sotomayor, Puxmarines, Varribreas, Paralexas, Saurines, Lázaros, Vorias, Peñaveleros, Escamoz, Dotos y Rosales, Jereces, Gómez, Mulas, Darines, Alburquerques, Loritas, Ponces de León, otros Guevaras, Cisones, Manchirones, Leones, otros Ponces de León, Cildranes, Rosiquíes, Tomases, Tizonas, Paganes, Cernales, Alemanes, Rodas, Pineros, Hurtados.