La Galiana de Toledo fue en tiempo de Carlos Martel, y fue robada de Toledo, y llevada a Marsella por Carlos. Esta Galiana de quien ahora tratamos, era de Almería, y por ella se dice el romance y no por la otra; y este Abenámar era nieto del otro Abenámar.
Volviendo, pues, a nuestro caso, el rey con sus caballeros, y la reina con todas sus damas, comían con gran contento al son de muchas y diversas músicas, así de ministriles, como dulzainas, harpas y laúdes que en la real sala había.
Hablando el rey y los caballeros sobre algunas cosas, en especial de la batalla del maestre y de Muza, y del gran valor del maestre y de su cortesía, que era muy grande, de lo cual le pesaba al moro Albayaldos, que sentía mucho el no haberse acabado la escaramuza, porque le parecía que no era tanto el valor del maestre como la fama publicaba, y que si peleara en lugar de Muza había de alcanzar victoria del maestre; por lo cual propuso en sí que la primera vez que entrase en la Vega le había de pedir campo, por ver si lo que se decía era así.
Las damas también trataban de la escaramuza pasada, y del grande esfuerzo del valiente Muza y de su donaire.
Abenhamet no quitaba los ojos de Daraja a quien amaba en extremo, y no era mal correspondido en su fe, porque ella le adoraba, por tener partes para ser querido y porque en extremo era galán y valiente, temido y muy estimado, y alguacil mayor en Granada, que este cargo y oficio no se daba sino a persona de mucha estima, y nunca salía este oficio de los caballeros Abencerrajes, como se verá en los compendios de Esteban Garibay, y Camaloa, cronista de los reyes cristianos de Castilla.
Pues si Albayaldos estaba con deseo de probar el valor del maestre de Calatrava, no menos lo tenía su primo Aliatar que se preciaba de valiente, y holgara ver si era así lo que se decía del maestre.
El valiente Muza ya no trataba de esto, sino de tener por amigo al maestre, y más se entretenía en mirar a Daraja que en las otras cosas, y tanto se embebecía en mirarla que muchas veces se olvidaba de comer.
El rey su hermano advirtió en ello y coligió que amaba Muza a Daraja, y pesole grandemente porque también él la amaba de secreto, y muchas veces le había descubierto su corazón, aunque no daba ella atento oído a sus querellas ni palabras, ni hacía caudal de lo que decía el rey.
También Mahomad Zegrí miraba a Daraja: este era caballero de mucha calidad, y sabía que Muza la servía, pero no por eso desistía de su propósito, de lo cual no se le daba a Daraja nada, por tener puestos los ojos en Abenhamet, caballero Abencerraje, gallardo y estimado.
La reina trataba con sus damas cosas de los caballeros y sus bizarrías, y entre todos, los Abencerrajes y Alabeces, los cuales linajes eran deudos.