Estando la reina hablando con sus damas, habiendo acabado de comer el rey y los demás caballeros, y habiéndose comenzado algunas danzas entre damas y caballeros, llegó un paje de parte de Muza, e hincando las rodillas en el suelo, le dio a Daraja un ramo de flores y rosas, diciendo:

—Hermosa Daraja, mi señor Muza os besa las manos y os suplica recibáis este ramillete que él mismo hizo y compuso por su mano, para que os sirváis de tenerlo en la vuestra, y que no miréis el poco valor del ramillete, sino la voluntad del que os lo envía, que entre estas flores viene estampado su corazón para que lo toméis en vuestras manos.

Daraja miró a la reina y se puso muy colorada, sin saber si lo tomaría o no; y visto que la reina la miró, y no le dijo cosa alguna, tomó el ramillete, por no ser demasiadamente descortés ni ingrata a Muza, por ser buen caballero y hermano del rey, considerando que por tomar el ramo no era ofendida su honestidad, ni su querido Abencerraje, el cual vio bien como lo tomó, diciéndole al paje, que ella le agradecía mucho el presente.

Quien mirara a Fátima entendiera bien lo mucho que le pesó, porque nunca él la había enviado ramillete; pero procuró disimular, y llegándose a Daraja la dijo:

—No podéis negar que Muza es vuestro amante, pues en presencia de todos os ha enviado este ramillete; y pues vos lo recibisteis, es argumento que le queréis bien.

Casi afrentada Daraja de aquello, la respondió:

—Amiga Fátima, no os maravilléis si recibí el ramo, que no lo tomé con mi voluntad, sino por no dar nota de ingrata en presencia de todos los caballeros y damas de la sala, que si no pareciera mal, lo hiciera mil pedazos.

Con esto dejaron de hablar sobre aquel caso porque mandó el rey que danzasen las damas y caballeros, lo cual fue hecho, y Abenámar danzó con Galiana; Malique Alabez con su dama Cobaida, y muy bien, por ser extremada en todo; Abindarráez danzó con la hermosa Jarifa, y Venegas con la bella Fátima: Almoradí, un bizarro caballero pariente del rey, danzó con Alboraida; un caballero Zegrí danzó con la hermosa Sarracina; Algamún Abencerraje con la linda Daraja, y en acabando de danzar al tiempo que el caballero Abencerraje le hizo una cortesía, ella haciéndole reverencia le dio el ramillete, y él lo recibió con mucha alegría, y lo estimó en mucho por ser de su mano.

El valiente Muza, que había estado mirando la danza, y no quitaba los ojos un momento de su señora Daraja, visto que le había dado el ramillete que le había enviado a su dama, ciego de enojo y pasión que recibió por ello, sin tener respeto al rey ni a los demás caballeros que en la real sala estaban, se fue al Abencerraje con una vista tan horrible, que parecía echar fuego por los ojos, y con voz soberbia le dijo al Abencerraje:

—Di, vil y bajo villano, descendiente de cristianos, mal nacido, sabiendo que aqueste ramo fue hecho por mi mano, y que se lo envié a Daraja, lo osaste recibir, sin considerar que era mío; si no fuera por lo que debo al rey, por estar en su presencia, ya hubiera castigado tu loco atrevimiento.