que te quiera, y tú la quieras,
porque lo mereces, Zaide.
Humilde responde el moro,
cargado de mil pesares:
No entendí yo, Zaida bella,
que conmigo tal usases:
No entendí que tal hicieras,
que así mis prendas trocases
con un moro, feo y torpe,
indigno de un bien tan grande.