Tú eres la que dijiste

en el balcón la otra tarde:

tuya soy, tuya seré,

y tuya es mi vida, Zaide.

Aunque la bella Zaida pasó con su Zaide todo lo que habéis oído, no por eso le dejaba de amar en su corazón, y el gallardo Zaide asimismo la amaba.

Aunque la dama le despidió, muchas veces se hablaban, no con tanta libertad, porque sus padres no lo sintiesen; y le hacía todos los favores que solía, aunque el moro, por evitar escándalo, no continuaba en pasear la calle de su dama: mas no era tan en secreto, que no fuese sentido del moro Tarfe, amigo de Zaide, el cual tenía una envidia mortal en su alma, porque amaba de secreto a Zaida; y considerando que jamás Zaide dejaría de amar a la bella Zaida, acordó de revolverlos, poniendo cizaña entre los dos, aunque esto le costó la vida; porque así acaece a los que no son leales con sus amigos.

Pues volviendo al caso de las fiestas atrás referidas, trataremos primero de un romance, que compuso un poeta en respuesta del pasado, y después diremos lo que en las fiestas pasó. Dice así el romance:

Bella Zaida de mis ojos,

y del alma bella Zaida,

de las moras la más bella,