con mil amorosas ansias,
que el amor fundado en veras
tarde se rinde a mudanza.
Por ser aqueste romance bueno, y aludir mucho al pasado, se puso aquí, y por adorno de nuestra obra.
Pues tornando a nuestro moro Zaide, valeroso y gallardo Abencerraje, quedó tan apasionado por lo que la bella Zaida le dijo, que le puso en extremo su pensamiento en si era verdad que los padres de Zaida la querían casar.
Con este cuidado andaba el gallardo moro muy pensativo, y por consolarse paseaba la calle de su dama; pero ella no salía a las ventanas como otras veces solía, sino muy de tarde en tarde.
Aunque la bella y hermosa mora le amaba tiernamente, no lo manifestaba por no dar enojo a sus padres, y por esto no osaba hablar con su querido y amante moro; lo cual él sentía mucho, y lo mostraba hasta en los trajes y vestidos, porque conforme a la pasión que sentía, así traía el vestido, y por él juzgaban los caballeros y damas de Granada los efectos de su causa y de sus amores.
Pues con estas congojas y pesadumbres andaba el valeroso Zaide tan imaginativo, sin poderlas apartar de su pensamiento, que le vinieron a poner en grande extremo y flaqueza, y estuvo muy mal dispuesto; y por consolarse, lleno de amorosas ansias, una noche muy oscura, buena a su propósito, bien aderezada la persona, y solo con un laúd se fue a la calle de su adorada mora a media noche, y comenzando a tocar el instrumento con mucho pesar, cantó en arábigo esta sentida
CANCIÓN.
Lágrimas que no pudieron