Un día la bella mora hizo una linda trenza de sus hermosos cabellos, pues eran más que hebras de oro de Arabia, y con sus manos se la puso en el turbante a su querido Zaide; el cual quedó muy ufano, contento y gozoso con el nuevo bien y favor.

Audalá Tarfe, su amigo, le pidió le dijese la causa de su demasiado contento; y como quiera que no se gozan tanto los bienes y contentos que no se comunican, fiado en su grande amistad, y debajo de secreto, le declaró la causa, y enseñó la prenda estimada que su dama Zaida le había dado.

El moro Tarfe, lleno de envidia y mortal rabia, viendo cuán favorecido y estimado estaba con Zaida, determinó de revelarle el secreto a la hermosa mora, y buscando ocasión para hablarla un día, la dijo:

—¿Eres tú, señora, la que tanto amas a Zaide? ¿La doncella tan estimada, querida y tenida de todos en Granada y fuera de ella? Pues tu honra anda muy caída, que no ha mucho que en una conversación, tratando de los galanes favorecidos de sus damas, se quitó el turbante, y nos enseñó a todos una trenza de cabellos, y dijo ser tuyos, tejida y puesta allí por tu mano: mira si son señas bien conocidas.

Creyole ser así, y como propiamente la mujer es mudable, todo su amor se volvió en rencor y odio, y le dio gran tristeza y pena, considerando como andaba su honor; y luego le envió a llamar, y una criada le dijo que había poco que él había preguntado qué colores le agradaban y quién la visitaba. Venido Zaide muy alegre, ella encendida en cólera, le dijo:

—Ruégote que por mi calle ni casa no pases, ni hables con nadie de mi casa, porque está mi honra muy abatida por tu causa; la trenza que te di enseñaste a Tarfe y a otros, y así no hay que confiar en ti cosa alguna, y no esperes de hablarme jamás.

Y diciendo esto se entró llorando en un aposento, sin bastar las disculpas del enamorado moro, que la decía que mentían cuantos lo habían dicho. En vista de que no aprovechaban sus palabras, juró de matar al moro Tarfe, y por esto se hizo este

ROMANCE.

Mira, Zaide, que te aviso,

que no pases por mi calle,