no le fío yo secretos,

que en bajo pecho no caben.

Yo he de quitarle la vida,

y he de escribir con su sangre

lo que tú, Zaida, replicas,

quien tal hace, que tal pague.

Esta es la historia del valeroso moro Zaide Abencerraje, por la cual se han hecho dos romances, a mi parecer buenos, donde nos dan a entender cómo no es bueno revolver a nadie, porque de ello no se espera sino el galardón de Tarfe, que murió a manos de su buen amigo Zaide. Y si acaso es mentira que Tarfe no lo había dicho, tomaremos ejemplo en la liviandad de Zaida, que por creerse de ligero, fue causa de la muerte de Tarfe.

Finalmente, por esto, y por las palabras que el Malique Alabez había hablado en el sarao, y Zulema Abencerraje, todos los Zegríes, Gomeles, Mazas y los de su bando quedaron muy enojados, y con malos propósitos y deseos de vengarse del agravio recibido en presencia del rey y de los caballeros y las damas; pues estaba en el sarao y en aquella fiesta toda la flor y nobleza de Granada, y aun del reino todo; porque fue mucha desenvoltura la de Malique Alabez, y se alargó mucho el Abencerraje también: mas como se habían hecho las amistades, no trataban de ello ni lo daban a entender; pero el rencor estaba arraigado en sus corazones y por no mostrar el odio mortal en que ardían, se comunicaban con los Abencerrajes y Alabeces, disimulando en todo lo que podían, puesto que eficaz y grande deseo tenían de vengarse todos los del linaje Zegrí, como pareció después.

Estando un día todos los Zegríes en el castillo de Bibatambién, morada de Mahomad Zegrí, cabo y cabeza de los Zegríes, tratando de las cosas pasadas, trayendo a la memoria las palabras de Alabez, y de las fiestas que esperaban de torneo y juego de cañas, Mahomad Zegrí habló a todos los presentes de esta manera:

—Bien sabéis, ilustres caballeros Zegríes, como nuestro real y antiguo linaje ha sido tenido en tanto en España y en África; y como han sido nuestros antecesores reyes de Córdoba, y como ahora ha sido vituperado y ofendido nuestro honor por los Abencerrajes; y los Almoradís son nuestros enemigos, porque se han vuelto contra nosotros; con lo cual estoy tan rabioso que muero de pesar, y lo que me alivia y entretiene es la confianza que tengo de verme vengado. El agravio es de todos, y todos nos hemos de satisfacer; ahora nos ofrece muy buena ocasión la fortuna; aprovechémonos de ella, y es procurar matar en el torneo o en las cañas a Malique Alabez, y al soberbio Abencerraje; que muertos estos, iremos dando traza como se acabe de todo punto este pérfido linaje de los Abencerrajes, que tan estimados y queridos son de todos; y para esto el día del juego de cañas hemos de ir bien armados con jacos fuertes debajo de las libreas. Y pues el rey me ha hecho cuadrillero, saldremos treinta Zegríes, y llevaremos libreas rojas y encarnadas con los penachos de plumas azules, antigua divisa de los Abencerrajes, para que sea por esto instrumento de que se enojen con nosotros y se revuelva cuestión, y venidos a batalla, cada uno haga como quien es, y pues llevaremos armas, no hay duda sino que los maltrataremos: no hay que temer, pues tenemos de nuestra parte Mazas y Gomeles; y si no les diere nada a los Abencerrajes de la divisa azul, en el juego de cañas les tiraremos agudas lanzas en el lugar de cañas. Este es mi parecer, decidme ahora el vuestro.