Así como acabó Mahomad de decir su razonamiento, respondieron todos que era justo lo que decía, y que era buena la traza, que cada uno haría lo posible por vengarse; y concertado esto, fue cada uno a su casa.
A esta sazón ordenaban su cuadrilla Muza y los Abencerrajes, siendo cuadrillero el valiente Muza por mandado del rey, en la cual cuadrilla habían de ir Malique Alabez y los Abencerrajes; y de común acuerdo sacaron las libreas de damasco azul, forradas en tela de plata fina, con penachos azules, blancos y pajizos, conformes a las libreas; los pendoncillos de las lanzas blancos y azules, recamados con mucho oro: en las adargas llevaban por divisas unos salvajes; solo Malique llevaba su misma divisa, que era el listón morado, que atraviesa la adarga una corona de oro con su letra, que decía: De mi sangre.
Muza llevaba la misma divisa que sacó el día que escaramuzó con el maestre, que era un corazón en la mano de una doncella, apretando el puño, destilando el corazón gotas de sangre, y la letra decía: Por la gloria tengo mi pena.
Todos los demás caballeros Abencerrajes sacaron listones y cifras a su gusto, puestas de suerte que no quitaban la vista de los salvajes.
Concertada esta cuadrilla del gallardo Muza, acordaron de llevar yeguas blancas, enlazadas las colas con cintas azules de seda y oro muy fino.
Llegado ya el celebrado día de la grandiosa fiesta, mandó el rey traer veinte y cuatro toros de los mejores que había en la sierra de Ronda, que eran allí muy bravos; y puesta la plaza de Vivarrambla como verdaderamente convenía para la tal fiesta, el rey acompañado de muchos caballeros ocupó los miradores reales, que para aquellas fiestas estaban diputados. La reina con muchas damas se puso en otros miradores con la misma orden que el rey. Todos los ventanajes de las casas de Vivarrambla estaban ocupados de bellísimas damas.
Acudió tanta gente, que no había sitio donde estuviesen, y vinieron muchos de fuera del reino, como fue de Toledo y de Sevilla, y la flor de los caballeros de esta ciudad se hallaron en Granada a la fama de tan grandes fiestas.
Los caballeros Abencerrajes andaban corriendo los toros con tanta gallardía y brío que daban a todos mucho contento en mirarlos, y en verlos hacer aquellas gentilezas les daban mil alabanzas; y particularmente se llevaban tras de sí los ojos de todas las damas, porque eran tan favorecidos de ellas que no se tenía por dama quien no amaba Abencerraje; y donde quiera que había caballeros de este linaje, eran tan tenidos, estimados y queridos de todos que causaban envidia a los otros caballeros.
Y con mucha razón eran queridos de las damas, porque todos ellos eran galanes y gentiles hombres, hermosos y dotados de discreción, y muy bien criados y de buenos respetos.
Ninguno llegaba a cualquiera de ellos con necesidad, que no se la remediase, aunque fuese muy a su costa. Eran deshacedores de agravios, aquietadores de la república, padres de huérfanos, amigos por extremo de la conservación y obediencia a sus reyes debida.