Eran muy amigos de cristianos, porque ellos mismos iban a las mazmorras a visitar a los cautivos, y los consolaban, daban limosnas y les enviaban de comer; y por estas y otras muchas causas eran tan queridos de todo el reino.
Jamás en ellos se halló temor, aunque se les ofreciesen casos muy arduos. Daban tanto contento con su bizarría y nobleza, que las damas y toda la gente no apartaban su vista de ellos.
No menos galas llevaban los gallardos Alabeces.
Procuraron mostrar su valor los Zegríes, porque alancearon ocho toros muy bien, sin recibir daño ningún Zegrí, ni los caballos.
A la una de la tarde ya estaban corridos doce toros, y el rey mandó tocar los clarines y dulzainas, que era señal para que todos los caballeros que habían de jugar, se juntasen en el mirador, y juntos, muy gozoso el rey les hizo dar colación.
Lo mismo hizo la reina a sus damas, las cuales tenían galas y trajes nunca vistos, a que daba más ser la hermosura de quien los tenía puestos.
Llevó la reina una rica marlota de brocado, con muy ricas labores de oro y pedrería fina. Tenían un tocado muy costoso, y encima de la frente una rosa encarnada, y enmedio de ella un carbunclo precioso. En volviendo el rostro la reina, era tanto el resplandor y claridad que echaba de sí el carbunclo, que quitaba la vista a quien lo miraba.
La bella Daraja salió de azul, la marlota de damasco picada, forrada de tela de plata, que descubría por las picaduras la fineza de la tela. En el tocado dos plumas, una azul, y otra blanca, divisa de los Abencerrajes; estábale muy bien la gala, por ser hermosa, que ninguna dama podía competir con ella.
Galiana de Almería salió con un vestido de damasco blanco con una labor peregrina; la marlota forrada en brocado morado, con unas cuchilladas grandes; su tocado era de artificio. Entendíase bien de esta dama, en su traje, cuán libre vivía de amor, aunque sabía que Abenámar la amaba mucho, y deseaba servir.
Fátima salió de morado (no imitando a Muza en la librea, porque estaba desengañada de que Muza amaba a Daraja, y se empleaba en servirla): la ropa era costosa, por ser de terciopelo, forrada en tela blanca de brocado; el tocado era muy de ver, puesta en él una garzota verde.