No fue en balde el tiro, pues le pasó el adarga y cota, y le entró en el cuerpo un palmo y más de lanza, y luego cayó el Zegrí de la yegua casi muerto.

De ambas partes había apercibimiento para lo que se ofreciera, y empezaron una escaramuza brava y sangrienta; y como los Zegríes iban bien armados, llevaron lo mejor de la batalla; pero como era tanto el valor de Muza y del valiente Alabez, y el de los Abencerrajes, no dejaban de maltratar a los Zegríes, y hacerles daño notable.

La vocería y algazara era mucha, y cuando vio el rey encendido el juego, bajó a la plaza, y subió en una yegua y entró entre los lidiadores con un bastón diciendo:

—Afuera, afuera.

Asimismo todos los caballeros desinteresados ayudaron a poner en paz.

Estuvo este día en peligro de perderse Granada; porque de la parte de los Zegríes fueron Gomeles y Mazas, y de la de los Abencerrajes, Almoradís y Venegas.

Como los bandos y cismas son tan peligrosos entre los príncipes y magnates, lo temió el rey, y así hizo todo lo posible para apaciguarlos; quietos y apartados cada uno en su cuadrilla, el valiente Muza y los de la suya se subieron al Alhambra, llevando consigo a los Almoradís y Venegas. Los Zegríes se retiraron al castillo de Bibatambién, llevando muerto a Mahomad Zegrí.

La reina y las damas se quitaron de los miradores, dando gritos cuando vieron las veras del juego, porque en los de la lid había maridos, hermanos, parientes y amantes de las damas, y sus lastimas y lloros movían a compasión a todos los que las oían, y en particular las lamentaciones de la hermosa Fátima, llorando su muerto padre; que eran muchos los extremos que hacía, bastantes a enternecer un corazón diamantino.

Este desdichado fin tuvieron las fiestas, quedando muy revuelta Granada, y por eso se hizo este romance:

Afuera, afuera, afuera,