Y tomando las dos cuadrillas sus puestos, y apercibidas las cañas, habiendo dejado sus lanzas, al son de las trompetas y dulzainas se comenzó a trabar el juego con mucha gallardía, donaire y brío, de ocho en ocho.

Los Abencerrajes, que habían reparado en las plumas azules que los Zegríes traían, antigua divisa suya, muy enojados les tiraban a los turbantes, por derribárselos, muy valerosamente; mas no pudieron los Abencerrajes salir con su intento, y así andaban jugando con muy gran concierto, que era mucho de ver, y daban grande contento a todos los que les miraban.

Mahomad Zegrí, como tenía tratado con todos los de su linaje, de dar la muerte a Malique Alabez, o a alguno de los Abencerrajes por las palabras dichas; dio orden que Malique Alabez saliese de la parte contraria, y cayese en su cuadrilla, teniendo inteligencia para que él y los ocho revolviesen sobre Alabez y los suyos. Y habiendo corrido seis veces dijo el Zegrí a los de su cuadrilla:

—Ahora es tiempo, que está el juego encendido; venguémonos, pues se nos ofrece buena ocasión.

Y tomando una lanza con un muy agudo hierro, aguardó que Malique Alabez viniese con los ocho caballeros de su cuadrilla, revolviendo sobre los de la contraria parte, como es uso y costumbre en semejantes juegos, y al tiempo que Malique Alabez volvía cubierto con su adarga contra él y los suyos, salió el Zegrí, y llevando puestos los ojos en Malique Alabez, mirando por donde mejor le pudiese herir, le arrojó la lanza con tanta fuerza, que pasó la adarga de una parte a otra, y el agudo hierro entró en el brazo derecho, que se lo pasó con mucha brevedad.

Muy grande fue el dolor que el valeroso Malique Alabez sintió de aqueste golpe, porque le atormentó todo el brazo, y aun todo el cuerpo, sin entender que estaba herido; y en habiendo llegado a su puesto puso la mano en la parte que le dolía, y ensangrentósela; y mirando al brazo, viendo la herida, dijo en alta voz a Muza y a los Abencerrajes:

—Caballeros, grande traición nos han armado los Zegríes: lanzas con hierros agudos tiran por cañas; veisme aquí herido.

Los valientes Abencerrajes al punto tomaron sus lanzas para estar prevenidos a lo que se les ofreciese.

A esta sazón volvía el Zegrí con su cuadrilla para irse a su puesto, cuando Malique Alabez con gran furia se atravesó de por medio viéndose herido, y le tiró la lanza diciéndole:

—Traidor, no es de caballero lo que has hecho, sino de villano.