El camino se hace de un modo pintoresco y variado, en vapor por mar, en vapor por tierra, y en carruaje. Saliendo de Rio Janeiro el viajero se embarca en uno de los vapores que hacen la travesía, consistente en cruzar la bahía que dura cinco cuartos de hora: al desembarcar se toma el camino de hierro de Maná, que conduce hasta el pié de la sierra sobre la que se levanta Petrópolis.

La línea férrea, mal construida, con detestables carruajes y pésimo movimiento, tiene la sola ventaja de ser muy corta, pues en media hora se recorre toda su extension: terminado el segundo viaje, se gravita la montaña en carruajes tirados por cuatro caballos; el tiempo que se emplea es el de una hora, con lo que termina la expedicion.

En Petrópolis no hay nada que ver, absolutamente nada: es sitio de recreo por el viento fresco y puro que allí se respira: su grande altura es causa de que la temperatura sea fresca, eso es todo.

Desde la cima de la sierra se alcanza el mar, las montañas y una deliciosa campiña. En Petrópolis, cuya poblacion apénas llega á 200 habitantes, tiene un lindo palacio el emperador y allí pasa generalmente los meses de diciembre, enero y febrero, que son los de mas calor. Para los viajeros hay dos hoteles regulares, el de Oriente y el Ingles: hay algunos paseos y caballos de alquiler.

Los principales puertos del imperio son Bahia, Pernambuco, Santa
Catalina, Parahiba, Paranaguá, Pará.

Pernambuco, ciudad desaseada en grado extremo, con calles miserables y casas humildísimas y sin limpieza alguna, no vale la incomodidad de ser vista, y digo incomodidad, porque lo es y no pequeña el desembarque en su puerto. Las olas están constantemente furiosas, y aparte el riesgo que se corre es largo y difícil el trayecto, porque las embarcaciones anclan á bastante distancia de la ciudad.

El viajero que no sea comerciante, dará una prueba de muy buen gusto no visitando la citada ciudad de Pernambuco, donde fuera de su comercio de algodon y café, no encontrará mas que una absoluta falta de limpieza.

Reinan casi siempre en Pernambuco enfermedades malignas.

Bahia, antigua capital del Brasil, no tiene de notable mas que su cómoda bahía; la ciudad está edificada sobre la falda de una montaña y se presenta al viajero como en forma de anfiteatro.

Las calles todas están sin empedrar, sucias y en muy mal estado: hay un jardin modestisimo que llaman paseo público, algunos edificios regulares, un teatro, tres ó cuatro hoteles, dos paseos, y esmerado deseo de demostrar al extranjero que la limpieza no es el fuerte de los brasileños; pues lo mismo en Bahia que Pernambuco y Rio Janeiro se distinguen por esa especialidad.