Cuando por regla general el que viaja, permanece como extranjero en todas partes, nosotros tenemos la ventaja de asimilarnos y convenirnos con los nuevos paises que visitamos, y esto se realiza, sin estudio, espontáneamente.
De aquí el que tan bien nos encontremos en todas partes.
Y á la verdad, cada vez que atravesamos una frontera, oyendo hablar una nueva lengua, observando otra expresion en las fisonomías, deteniéndonos en las diferencias de trajes, un estudio agradable y provechoso comienza para nosotros, que con placer pretendemos conocer las dotes fisonómicas y particulares á cada una de esas grandes familias que se llaman naciones.
Para muchos, la llegada á una ciudad de un pais extraño, que se visita por primera vez, es una impresion desagradable: porque en vano se cruzan calles y plazas pobladas de gentes que cruzan en todas direcciones: como que el viajero á ninguno conoce, como nadie le espera, como todas las fisonomías son nuevas, parece que entónces el título de extranjero entristece y desconsuela, haciendo sobre el ánimo una impresion dolorosa el estado de completo aislamiento en que se encuentra.
Esto es lo que sucede á muchos, y en verdad que se comprende y explica; y no es ménos cierto que esta circunstancia desalienta á algunos, que afectados por el silencio de amistad que se hace en su alrededor, sufren los primeros dias á la llegada á nuevas poblaciones.
Muy diferente es la impresion que nosotros recibimos al entrar en una ciudad desconocida.
Sin que pretendamos, ni por asomo, hacer una protesta ridicula de excentricismo, nosotros, para ser verídicos, hemos de consignar que al contrario de lo que á muchos sucede, tenemos una singular complacencia en experimentar lo que hemos apuntado ántes.
Las fisonomías nuevas, la seguridad de que nadie nos espera, el nuevo modo de hablar con que satisfacen nuestras preguntas, todas las diferencias de detalle que siempre se observan en un pueblo que uno visita por vez primera, nos sirven de ocasion para estudios aménos, nos prestan asunto para observaciones, nos distraen y entretienen agradablemente.
Tan luego como entramos en una ciudad que desconocemos del todo, y un cuarto de hora despues de establecernos en un hotel, salimos á la calle, y sin guias, sin commissionnaires, solos completamente, avanzamos en la direccion que mas nos place.
A la vista de un monumento, de una iglesia notable, de un edificio de valía, nos detenemos á visitarle, penetramos en los templos, vamos á los sitios de concurrencia, observamos por todas partes.