Añadamos ahora que á nuestro mismo pié se levanta orgulloso el obelisco de Lucsor. Miremos las pródigas fuentes que nos cercan: el Sena que corre á muy poca distancia, los grupos de estatuas que por todas partes vemos, los monumentos, iglesias y palacios que se divisan, los bosques de árboles que nos rodean, el Paris de la izquierda y el Paris de la derecha, los Campos Elíseos que se extienden á nuestros piés, y una vez reunida en un solo golpe de vista tan profusa copia de bellezas, llamemos, que ya es tiempo de hacerlo, hermosa á la plaza de la Concordia.
Cuenta Paris mil y doscientos hoteles de primer órden, y respecto al número de maisons meublées, que nosotros podemos llamar casas de huéspedes, es incalculable.
Las diferentes empresas de ómnibus que hay en la capital tienen doce mil carruajes: el número de los coches particulares no tiene cifra. Parten de Paris líneas de caminos de hierro para todas las fronteras, y los embarcaderos de las estaciones son otros tantos palacios: merece especial mencion el de Estrasburgo, al cual se va por la calle del mismo nombre que desemboca en el Boulevard. Esta calle, larga y ancha, se ha abierto y construido de exprofeso, para dar frente á la magnífica estacion de la citada via férrea. Hoy comunica con el boulevard de Sebastopol.
El Escorial de Francia, ó lo que es mas propio, el panteon de los reyes franceses, se halla situado en la abadía de San Dionisio, fuera de Paris á distancia de una media legua. Para irle á visitar hay como para todo una grande facilidad. En la calle del mismo nombre que sale al boulevard, hay dos empresas de ómnibus que de hora en hora mandan un carruaje: tambien hay via férrea.
La abadía, severa, imponente y majestuosa, es uno de los mejores templos de Francia. Su arquitectura elegante es gótica, sin mezcla de escuelas, y cautiva y sorprende su belleza. En las bóvedas subterráneas del templo reposan en tumbas de mármol todos los que fueron monarcas de la Francia.
Los mercados de Paris son tambien dignos de ser vistos[5].
La moda de los pasajes, fuerte en Paris, mas que en parte alguna, embellece extraordinariamente la capital. Existe un gran número y todos por la noche brillan como una ascua con su pródiga iluminacion de gas.
La plaza del Hotel-de-Ville, célebre por el increible número de ejecuciones que allí se han hecho, ántes y despues de la revolucion, presenta el majestuoso palacio que la da nombre; palacio que puede considerarse como el cuartel general de todas las revoluciones. Allí estuvo el sanguinario tribunal de que fué presidente Robespierre, y allí se formó el gobierno provisional de 1848.
Una de las mas bellas calles de Paris es la de la Paz, que desemboca en la plaza de Vendóme, donde se levanta la altísima columna de hierro que sustenta á la estatua de Napoleon[6]. Merecen citarse tambien las calles de Richelieu, Vivienne, Saint-Denis, Chaussée-d'Antin, Saint-Martin, Rivoli, Sebastopol, y otras ciento, todas hermosas, rectas, largas, y aun estratégicas.
Las obras del Louvre, hoy terminadas, y en las que en 1854 se trabajaba de dia y de noche, aturden y admiran. Los dos palacios de las Tullerías y el del Louvre reunidos, forman un todo que dificulto tenga igual. Aconsejo á los amantes de las artes que visiten los museos riquísimos del Louvre, de los que mas adelante me ocupo.