San Vicente de Paul, con su elegante y airoso pórtico de columnas, sus dos torres, y su cuerpo principal tan gallardo, llama tambien la atencion del que busca el arte y el gusto monumental: el interior es severo y religioso.

La Santa Capilla, tocando con el Palacio de Justicia, es un prodigio de arte: de formas airosas y orientales, de pureza de líneas, de severidad arquitectural. La ligera y graciosa torre que se levanta como una corona, seria doblemente bella si los modernos, que pretenden adornarlo todo, no la hubieran desfigurado convirtiéndola en un objeto de quincallería, tantos son los dorados con que la han vestido. De todos modos, el viajero no puede dispensarse de visitar el templo; es magnífico y venerable. Prescindo aquí de su historia porque no es ese mi objeto en este lugar.

Santa Clotilde, situada del otro lado del Sena, es una verdadera joya: al observar su juventud, escrita en su construccion, se experimenta un sentimiento de asombro. En nuestro siglo que marcha tan aprisa, y en esta época en que las construcciones para ser buenas han de exigir poco tiempo, se ha levantado en Santa Clotilde un templo gótico puro, sin mezcla de gustos ni estilos. Es una iglesia bellísima y digna de ser vista: acaba de ser terminada y entregada al culto público. Delante de su elegante fachada principal, se extiende una espaciosa plaza sembrada de jardines, que embellece el cuadro.

El verdadero monumento que cuenta hoy Paris, es el Louvre, unido como está ya á las Tullerías. Parece mentira que en este siglo ligero que tan aprisa marcha, sin detenerse jamas en obras de larga duracion, hayan podido verificarse y en tan corto plazo las obras colosales del Louvre.

Ya se ha unido con las Tullerías, y forma un todo sin rival: la gran plaza del Carrousel, portentosamente admirable, es quizá la mas imponente de Europa: el arte, del cual se prescinde con sobrada frecuencia en las modernas construcciones, brilla majestuoso en las obras increibles del Louvre: los buenos arquitectos italianos y franceses que han dirijido los trabajos, han levantado un templo glorioso para el arte: las formas, el gusto arquitectural, las buenas tradiciones conservadas, la severidad de los estilos, la lujosa construccion, el aire imponente que respira, todo el conjunto así como los detalles, sorprenden y admiran. Digna de aplauso es la constancia con que el actual primer magistrado de la Francia ha emprendido y terminado tan gigantescas obras.

Aconsejo á los que visitan Paris que se detengan con frecuencia delante del Louvre, hay mucho que estudiar, hay mucho que admirar.

Tambien merecen una visita especial y detenida los ricos museos que embellecen el interior, en particular los de pintura y escultura. Este último, bien ordenado y bastante rico, contiene entre otras obras admirables las estatuas griegas del Gladiador y de la Vénus, que llenan de asombro el ánimo y hacen la apología de la Grecia artística: imposible cosa mas admirable, son modelos, son obras eternas, son prodigios de arte.

El museo de pinturas, donde brillan las diferentes escuelas que conocemos, reclama muchas visitas de todo aquel que ama el noble arte de Rafael y Murillo. La escuela mas rica que se ostenta en las galerías del Louvre es la flamenca, con sus pléyadas brillantes de inspirados artistas, con sus lienzos animados.

La escuela italiana, poderosamente espléndida, luce tambien en el Louvre con toda su pompa: en el salon cuadrado, el mas rico de todos, se leen al pié de lienzos sin rival, las ilustres rúbricas de Rafael, Ticiano, Rubens, Pablo Verones, Tintoreto, Leonardo de Vinci, y Murillo, que en medio de aquellos hijos del genio, proclama con dos inmortales Vírgenes la pujanza de la escuela española, que tambien brilla con todo su valiente esplendor en los salones del Louvre.

La escuela francesa, mas rica allí que en ningun otro museo, cuenta tambien con las principales obras de sus inspirados maestros: en resúmen, el que visita Paris, no puede dispensarse en modo alguno de ver los museos del Louvre.