Los teatros de Paris, estudiados con detencion, contristan profundamente el ánimo: la moral pública sale eternamente mal parada: es sumamente difícil asistir á la representacion de una comedia en la cual no haya una mujer que engaña á su marido, es un detalle casi indispensable.

Verdad es que el escritor dramático que vive en Paris, que estudia la sociedad y la traduce en la escena, no encuentra á todas horas nobles tipos que retratar … pero de todos modos las formas del diálogo, el público español, el público ingles, no las puede aceptar nunca.

En España comprendemos de otro modo el teatro, será sin duda porque nuestra familia es otra. Esto por lo que hace al teatro moralmente considerado: si hablamos de sus salas y orquestas nada bueno podemos apuntar, absolutamente nada; en todo Paris, no hay un gran teatro, ni uno; orquestas, solo pueden oirse las de la Opera, que es magnífica, y las de los Italianos y Opera-Cómica; las demas son orquestas de provincia.

Las formas del diálogo, un tanto desenvueltas y libres, contribuyen tambien á la impresion de disgusto que producen las citadas comedias en el ánimo del que está acostumbrado á una literatura dramática digna y moral, que sin ser fanática ni supersticiosa, respeta siempre la moral, enseña máximas consoladoras, ofrece tipos nobles, y no ofende jamas el pudor de las madres ni de las hijas.

El estudio mas consolador que yo he hecho en Paris ha sido el de la lectura diaria de la seccion de pérdidas que contienen los periódicos. El alma descansa y se regocija leyendo como yo he leido todos los dias los anuncios que hacen las personas pobres de haber encontrado braceletes de oro, billetes de banco, alhajas preciosas, y lo que es mas aun, monederos y bolsillos con cantidades respetables en metálico: lo publican para que llegue á conocimiento de sus dueños y pasen á recojerlos. ¡Es admirable, es magnífico, es consolador! Ejemplos como los que cito se ven todos los dias, y los que les dan en general, son personas que carecen de todo recurso, pobres trabajadores, desgraciados. ¡Magnífico! ¡yo recojo este dato con mucho placer en mi libro! ¡es un dato consolador!

El alumbrado público de Paris deja mucho que desear y está muy léjos de corresponder á la grandeza de la capital. El que quiera persuadirse de la verdad de esta asercion, que se pasee un domingo por Paris despues de la una de la noche, ó cualquiera otro dia de la semana. Hay mas faroles en las tiendas que en la calle: esto sucede en el mismo boulevard: tan luego como se cierran las tiendas y hoteles que tienen alumbrado, las calles de Paris se ofrecen un tanto oscuras porque de farol á farol hay una gran distancia, y la luz llega con mucha dificultad. Las calles de Richelieu, Vivienne, Montmartre y otras ciento, tienen, despues de las doce de la noche, una luz dudosa y opaca; esta es la verdad.

Continuemos nuestro paseo por la gran ciudad.

La fisonomía de Paris cambia todos los dias, hermoseándose; el que hace seis años visitó sus monumentos y sus calles, encuentra hoy tantas reformas y novedades, que apénas puede reconocerle. Aparte de los trabajos colosales del Louvre, que la imaginacion no acierta á comprender hayan sido ejecutados en tan corto plazo, la calle de Rivoli, majestuosa y soberbia, viene á aumentar la admiracion del viajero. En todos los barrios de la gran capital, se han derribado centenares de casas miserables, sobre cuyas ruinas se levantan hoy palacios y elegantes edificios.

Las obras del mercado de los granos, delante de la iglesia de San Eustaquio, sitio que afeaba Paris, se han realizado en breve término, y hoy existen magníficos mercados. El boulevard de Sebastopol, obra que en cualquiera otro pais hubiera durado ocho ó diez años, está próximo á terminarse del todo, embelleciendo mas y mas Paris. El Bois de Boulogne, los Campos Elíseos, los barrios todos han cambiado de aspecto: el Paris del año 40 desaparece completamente para dar lugar á una nueva ciudad.

El que se propone estudiar en Paris tiene mas medios que en parte alguna del mundo, y por teatros de observacion provechosa y útil, tiene, ademas de sus bibliotecas, periódicos, teatros y academias, tiene, decimos, el boulevard, libro de mil capítulos de profunda enseñanza, tiene los barrios de los obreros, los de la aristocracia, los del comercio, los de los desgraciados, el curiosísimo de los traperos: las estadísticas, el alta y baja de la bolsa, las oscilaciones de la política europea, el vuelo de los periódicos, el tumultuoso estruendo de sus orquestas y bullentes placeres: la tremenda soledad de la desgracia y la miseria, las grandes fortunas pasando al lado de las heróicas y sufridas desgracias, el volcánico y abrasador placer que bulle agitado por todas partes y que grita sin tregua para que no se oiga la desentonada voz de la desgracia: los contrastes mas tremendos, las ruinas y las miserias, la gloria y el dinero: la calma mas perfecta, siempre pronta á convertirse en furiosa tempestad, el oscuro porvenir y el incierto presente: la creencia y la fe al lado del escepticismo y la burla: lo grande mezclado con lo pequeño, todos los contrastes, enfin, todos. Ningun estudio mas provechoso, ninguna enseñanza mas útil que la que se adquiere estudiando esa ciudad monstruo que se llama Paris.