Entre los paseos deliciosos de Paris, descuella en primer término el Bois de Boulogne, el sitio de recreo mas admirable que capital alguna de Europa puede ofrecer.
Sus frondosas calles de árboles cortados con el arte mas acabado, sus lagos y cascadas, sus praderas deliciosas, sus jardines y artísticos bosquecillos componen un conjunto tan alegre y risueño, tan bello y elegante, que cualquier pintor delicado no podrá ménos de contemplar absorto y complacido, sus proporciones, sus cuadros, sus luces y sombras, su poesía, enfin.
Dentro de su prodigiosa extension se ostenta con el lujo de una primavera privilegiada, el soberbio Pré Catelan, deliciosísimo sitio de recreo que reune la mas rica y variada coleccion de flores de Europa. Las fiestas de noche que allí se dan en medio del incendio de luces con que brillan, semejan un cuento de hadas: sus orquestas y teatros, entre los que ocupa el primer lugar el llamado de las flores, por serlo así en realidad: sus canales y puentes, sus montañitas y cascadas, le convierten en un jardin encantador. Al Bois de Boulogne acuden en número fabuloso los carruajes mas elegantes de Paris, y la multitud se pasea y se esparce complacida en medio de su grandeza.
En el Bois de Boulogne existen ademas otros varios jardines; hay restaurants, casas suizas, cafés, etc., etc. Al lado de la gran cascada se extiende la llanura de Longchamps, donde tienen lugar las carreras de caballos.
Las líneas de ómnibus que recorren Paris en todas direcciones pasan de treinta, todas cuentan un crecido número de carruajes y prestan un gran servicio al público ademas de animar la capital con su movimiento y su vida. La tarifa de sus precios es lo mas cómodo imaginable; por tres sueldos en la imperial y seis dentro del ómnibus, se recorre toda una línea, que generalmente se compone de una gran distancia cruzando Paris de un extremo á otro.
Los coches de plaza, regidos desde el último mes de agosto por una nueva tarifa, ofrecen tambien en su bien entendido servicio cuantas comodidades pueden apetecerse: su número es grande, sus estaciones se reparten por toda la capital; así es que el viajero encuentra tan luego como lo desea un carruaje á su servicio. Entre los coches de propiedad particular, las líneas de ómnibus, las empresas de coches de plaza, carros y vehículos de toda especie, el número de carruajes que circula por el interior de Paris se eleva al fabuloso de ciento setenta mil. Segun la nueva tarifa puede tomarse actualmente un carruaje por minutos, no teniendo obligacion de pagar como ántes una hora, sino el tiempo empleado; cada carruaje tiene un reloj fijo para indicar el momento en que se toma.
Los alrededores de la colosal metrópoli son tambien dignos de ser visitados por mas de un concepto. Aparte del esmero y gusto con que está cultivada la campiña, amenizan y hermosean sus términos los muchos y alegres pueblos que aparecen por todas partes. Como las comunicaciones son tan fáciles, merced á los caminos de hierro, el extranjero que desea estudiar y conocer los alrededores de Paris puede conseguir su objeto en pocos dias. En el embarcadero de la calle de San Lázaro encontrará de cuarto en cuarto de hora trenes que le conducirán á Asnières, Ville d'Avray, Sevres, Versailles, San Cloud, San Germain, por precios sumamente cómodos. En la misma estacion de la calle de San Lázaro hay una línea férrea para visitar Passy y Auteuil, pasando por Batignoles, Courcelles, Porte Maillot y Bois de Boulogne. Dirigiéndose el extranjero al camino de hierro del Norte, puede tambien visitar en media hora tres deliciosos pueblos, entre los que descuella por su belleza Enghien, con su tranquilo lago, que cercan lindísimas casas de campo. A cualquier punto que el viajero se dirija y cualquiera que sea la direccion de sus excursiones, tiene la seguridad de encontrar cafés, hoteles y restaurants en abundancia. Como tanto se han impulsado en estos últimos años los trabajos de las líneas férreas de Francia, Paris está en comunicacion instantánea con todas las capitales de Europa, así es que diariamente llegan en gran número los viajeros que de todas las partes del mundo vienen á visitarle. El número de extranjeros que afluye de todas las partes de la tierra se eleva á una cifra verdaderamente increible, y en Paris, moderna Babilonia, óyense hablar todas las lenguas y se ven todos los trajes.
Las cárceles de Paris que hace muy pocos años dejaban mucho que desear, han mejorado bastante su sistema y organizacion, y hoy, aunque no pueden servir de modelo, valen ciertamente una visita detenida cuando se pretende aprender comparando.
Las estaciones de las líneas férreas, edificios que tienen para mí mas importancia que cualquiera otro establecimiento público, por su alta significacion en la cruzada santa de las ideas, que ellos trasmiten á los pueblos, haciéndolos conocer entre sí, son verdaderos palacios en Paris. Las de Strasbourg y Lyon, la del Norte y la de la calle de San Lázaro, todas son espaciosas y grandes, todas hermosean Paris y todas le animan, depositando en la gran ciudad todos los dias innumerables viajeros que de todas las naciones conocidas se presentan impacientes de conocerla gran metrópoli: el movimiento es inmenso.
Las bibliotecas públicas con que cuenta Paris son muchas y
notables, mereciendo ser citadas la Imperial de la calle
Richelieu, la del Instituto, Escuela de medicina, Santa
Genoveva, Louvre y otras varias.