La prensa periódica de Paris, que desde el advenimiento de Luis Napoleon está regida por leyes restrictivas que hacen muy difícil su existencia, apénas merece mencionarse, contándose únicamente periódicos literarios de algun valor y vida propia, uno de cuyos órganos principales es el Fígaro, redactado por escritores de verdadero ingenio.

Los jardines públicos donde tan alegremente se baila en el verano, así como los salones de conciertos, reunen en sus fiestas un gran número de extranjeros, que ávidos corren tras el bullicio y el placer que Paris ofrece en una copa de oro siempre llena. Los jardines de Mabille y Château des Fleurs, las fiestas de noche del Pré Catelan, los conciertos que dirije Musard son otros tantos centros de animacion y movimiento que ninguna ciudad en el mundo presenta como Paris, Roma moderna.

Todo lo que halaga los sentidos, cuanto puede satisfacer la vista, el refinamiento mas acabado, en fin, de los placeres todos, bulle y se ostenta por todas partes y bajo todas formas en esa ciudad soberbia que aventaja en corrupcion como en grandeza á todas las capitales. En Paris se satisfacen todos los gustos, todos los deseos, porque se da culto al placer y se ha estudiado hasta la perfeccion la manera de aturdirse en lo frívolo.

Los cafés y restaurants de Paris no pueden contarse, tan fabuloso es su número. Al notar la afluencia tumultuosa que se disputa la entrada en los citados sitios, diríase que Paris come en la calle, que la familia no existe: y á la verdad que no seria muy aventurada semejante asercion; pues todo pensador que estudie la familia en Paris estamos seguros que se desconsolará profundamente. El soplo de duda con que los enciclopedistas empañaron las creencias todas, el tremendo ridículo con que agobiaron el matrimonio, han hecho profundamente escépticos á los franceses, que creyendo en la soberana fuerza del dinero, apénas sospechan en la mujer, la madre, la esposa, la compañera.

Otra costumbre hay en Paris y en toda la Francia en general que no dudamos calificar de bárbara y cruel: nos referimos á la ceremonia de acompañar al cementerio el mas próximo pariente del finado. Es ciertamente terrible y da lugar á sospechar falta de afecciones; marchan á pié detras del convoy fúnebre que guarda una persona adorada, á otra que le fué inmediata y querida: ninguna ley, ninguna costumbre del mundo pueden obligar al corazon á que se quiebre y se rompa en tan tremenda prueba; jamas el alma apasionada podrá prestarse á un suplicio tan duro. Marchar á pié á la última morada conduciendo un sér amado, y ofreciendo su dolor al público indiferente en tan solemne trance, es una terrible lucha que necesariamente ha de producir, ó una muerte al alma, ó una indiferencia glacial: no hay medio.

Y haciendo aquí un punto final, miremos otra fisonomía de Paris que sea mas consoladora y alegre; visitemos esos sitios que la revolucion gloriosa del 93 ha hecho célebres é inmortales.

Aquí se reunia la Convención: Luis XVI pasó por esta calle al dirigirse á la guillotina: desde aquí alcanzo la plaza de la Bastilla, donde el pueblo desplegó su omnipotencia; esta casa que sale á nuestro paso cobijó á Mirabeau, palanca poderosa de la revolucion que trabajó en pro de sus triunfos mas de lo que él suponia; aquí vivió Marat; Camille Desmoulins soñó tiernas escenas de amor al lado de su amada Lucila en el cuarto que estamos visitando; en este palacio de la plaza de la Greve, se reunia el tribunal que presidió Robespierre; hé aquí la morada de Danton; miremos en nuestro derredor al pueblo que nos cerca, es el mismo que con el pendon de la libertad por guia ha paseado la Europa; estos que nos rodean son los del año 30, los de las jornadas del 48; aquí se resuelven hoy todas las cuestiones de Europa; Paris es en nuestros dias la capital del mundo; aquí vive el secreto del porvenir: Voltaire vivió en la casa que ahora contemplamos; mirad esa modesta vivienda que cobijó á Rousseau; el arte habita hoy esta metrópoli; Rossini y Meyerbeer, Verdi y Auber, los poetas y los filósofos, los artistas y los políticos, toda la aristocracia europea del talento, pasa á nuestro lado; los monumentos nos cercan, la actividad nos aturde.

¿Dónde van tan precipitados esos miles de carruajes que se atropellan en tumulto los unos tras los otros? ¿Por qué tanto ruido, tanta alegría?

¿Dónde está Dios? ¿le habeis visto en Paris?… Y las estadísticas de los tribunales, ¿las habeis consultado con detencion? ¿ Visitais la Morgue y la buhardilla del obrero al salir de la Opera ó de casa de Vachette?

¿Ois como hablan todas las lenguas á vuestro lado? ¿Habeis entrado en los templos de todos los cultos que allí viven? ¿Por qué esa fiebre que agita Paris? ¿ No es verdad que la gloria tiene tambien allí su asiento?