¡Ah! ciudad encantada y deliciosa! yo te aclamo y te conjuro á la vez; tú me das alegrías bullentes, delicias al espíritu y dolores á la reflexion! Tú eres una y múltiple, tú eres un monstruo y una joya: en tí se estudia y se aprende, tú eres un libro colosal, yo quiero vivir contigo, yo quiero leerte, yo quiero verte acostar y levantarte, yo quiero estar cerca de tí.
Aunque el lector lo sienta como yo, es preciso abandonar Paris: siguiendo mi itinerario hemos visitado Bayona, Burdeos, y la gran ciudad: ahora, continuarémos nuestra corta expedicion por Francia y acto continuo nos trasladarémos á la patria de Guillermo Tell.
Habiendo hecho ya una ligera mencion de Burdeos y Bayona, apuntaré algunos detalles ántes de terminar el capítulo de Francia, sobre algunas otras ciudades de la misma nacion, que he visitado.
Lyon es importante por su floreciente industria: mucho movimiento: algunas calles elegantes, hoteles regulares, buenos paseos y edificios: recuerdos históricos de interes.
Marsella, fisonomía animada y bulliciosa, muy concurrido puerto de mar, líneas férreas de pujante vida, edificios modernos de importancia, buenos hoteles, elegantes tiendas, aménos alrededores.
Lyon, Burdeos, Marsella, Estrasburgo, son sin duda alguna las principales ciudades de Francia: las de segundo y tercer órden que conozco no valen en verdad una descripcion separada, á no ser Narbona, que por lo pobre y mezquina, ni puede compararse con la mas desvalida de nuestra España: en Narbona se carece de todo, es una aldea grande; y bueno es dejar sentado, para los que sospechan que la Francia es Paris, que pueden contarse otras varias ciudades que en nada aventajan á Narbona.
Yo no extraño que así sea: todas las naciones del mundo están aun en via de progreso: en Francia, como en todas partes, existen todavía ciudades antiguas que no han sido mejoradas: hago mencion de estas ciudades atrasadas para contestar á los que conociendo solamente Paris, se atreven á afirmar que la nacion toda se encuentra en un estado perfecto de mejoras y adelantos.
Por lo demas, esta es la Francia que yo he visto: este es el Paris que conozco, el Paris que he visitado detenidamente cinco veces con objeto de estudiarle.
El lector, mal que le pese abandonar la opulenta metrópoli que se llama Paris, se viene conmigo á visitar otros paises, á contemplar otras bellezas. El sitio donde ahora nos dirijimos, es sobradamente pintoresco para excitar el interes y la curiosidad: vamos á trasladarnos á la renombrada y poética Suiza, al suelo donde vive la libertad, á la patria de Guillermo Tell. Allí la naturaleza desplega cuadros tranquilos y admirables: allí tiene grandes escenas que copiar el pintor, allí tiene consoladoras reflexiones que recojer el estadista: en marcha.
La bellísima estacion del camino de hierro de Estrasburgo, de la cual he hecho ya mencion, fué mi punto de partida.