Basilea es una de las ciudades mas ricas de Suiza; sus relaciones comerciales, y su próxima situacion á la Francia, la dan mucha importancia. La ciudad tiene algunos edificios notables: la construccion de las casas, diferente de la de los demas paises, y especial de la Suiza, es muy digna de atencion[8].

La madera, abundantísima y excelente, puesta allí por todas partes por la mano sabia de la Providencia, en compensacion de las nieves y los hielos que hacen tan frio el pais, es el elemento principal de la edificacion.

Esbeltas y graciosas son efectivamente todas las casas; con sus lienzos de incrustaciones en madera, pulida y hábilmente trabajada, ofrecen un espectáculo tan nuevo como curioso. Limpias y brillantes lucen á los rayos del sol, porque con el frio y la nieve la madera conserva eternamente su tersura y solidez, sin que jamas suceda lo que en los paises meridionales que hacen de la madera un fácil combustible, volviéndolas el calor esponjosas y dispuestas siempre á inflamarse.

El frio de quince grados bajo cero que se experimenta en algunos cantones, como el de Berna, ha hecho sabios á los indígenas en materia de precauciones contra su rigor. Es de notar la costumbre acertadísima de colocar dobles puertas en todas las habitaciones de las casas; cada una se abre y se cierra en sentido inverso. Como la madera es tan sólida, y no está sujeta á las influencias atmosféricas, que pueden aumentar ó disminuir su volúmen, ajustan herméticamente, haciendo imposible la entrada de la mas insignificante columna de aire. Con las ventanas sucede lo mismo. Las componen dobles vidrieras que abrigan mucho las habitaciones, porque son impenetrables á la temperatura de fuera.

Los poêles, estufas que yo llamaré, son unos aparatos admirablemente dispuestos, que se encuentran en todas las casas de Suiza: cada dos habitaciones tiene regularmente un poêle: fabricados con ladrillo, y muy bien preparados, se calientan por la mañana, y templan la estancia para todo el dia: aproximando las manos á los azulejos limpísimos que forman su capa exterior se experimenta un gratísimo calor.

En la Biblioteca de Basilea ví un ejemplar del Elogio, con notas marginales del mismo Erasmo, con dibujos de su amigo Holbein.

En el Museo el retrato de Lutero, y el de Holbein.

Para ir á Berna desde Basilea es preciso resignarse á la diligencia, pues el camino de hierro que ha de unir ámbas ciudades, se encuentra solo en proyecto: felizmente la travesía se hace en doce horas, y con todas las comodidades posibles[9].

Lo primero que me ocurre consignar, es el admirable estado de las carreteras de Suiza. Sin ceder á ningunas de las mejores de Europa, las sobrepujan en número. De Berna solamente, ciudad que solo cuenta treinta mil habitantes, parten diez y nueve carreteras, tan sólidas, tan lisas, tan cuidadas, tan bellas, que nada dejan que desear.

Admira doblemente semejante estado de las vias públicas, recordando que el pais, subdividido en tantos gobiernos como cantones, y pobre como es, apénas se comprende quién y cómo las ha hecho. Hay verdadera profusion de carreteras, lujo de comunicaciones, todas buenas: los hilos eléctricos cruzan la Suiza entera en todas direcciones. Caminos de hierro desde Basilea á Estrasburgo, Paris, Francfort, Berna.