Durante los meses de febrero y marzo, en los que todo el pais semeja una sábana sola con tres palmos de nieve, lo que hace el paisaje monótono, porque es el mismo en todas partes, las diligencias tienen la originalidad de rodar sin ruedas, y con gran velocidad. Unos trineos de madera, dispuestos en forma de cajas, reciben sobre sí el carruaje, y los dos listones que forman su base, resbalan admirablemente bien sobre el pavimento, de nieve y hielo. Los caballos arrastran las diligencias con mas facilidad que si estuvieran armadas como en el resto del año, con ruedas, y el movimiento es tan igual y tan suave como el de los caminos de hierro.
A las ocho horas de haber salido de Basilea[10], entré en Berna, notando la extraña costumbre que tienen todos los mayorales de diligencias de la Suiza de tocar una corneta al entrar y salir en las poblaciones: hace muy buen efecto, porque todos ejecutan algun aire del pais que da mas suavidad al movimiento.
Estamos en Berna.
#BERNA.#
La capital federal de la Suiza, bañada por el rio Aar, que la cerca por todas partes, cuenta treinta mil almas de poblacion. El interior de la ciudad ofrece muy poco que observar: se compone de sesenta á ochenta calles solamente, tan uniformes y parecidas, que molesta y fatiga la monotonía de su conjunto: todas tienen soportales cubiertos, necesarios para la nieve.
Entre los edificios mas principales de Berna, descuella la
Catedral, que aunque pequeña, es bella, porque es gótica.
El ridículo protestantismo, que blasona de liberal, y protector de las obras de la inteligencia, cuya omnímoda supremacia proclama, se ha ensañado estúpidamente con todas las imágenes de santos tallados en piedra, que embellecian y decoraban todo el exterior de la catedral, dejando únicamente intacta una alegoría escrita en piedra, que corona la puerta principal de la iglesia, y sobre la cual se ven algunos papas que se han condenado por sus crímenes: hé aquí el protestantismo, que en nombre de la libertad, mutila con la picota de la burla y la ignorancia, la riqueza arquitectural con que la estatuaria gótica bordaba las fachadas de los templos. Inútil pretension; el escarnio que pretendieron arrojar sobre el catolicismo, patrono de las artes, se volvió de rechazo contra ellos. Desfigurando la catedral como lo han hecho, dejan atras á las tribus de Atila, que se prosternaban llenas de entusiasmo delante de las maravillas del arte arquitectónico-cristiano.
El palacio Erlack, que contiene la oficina del presidente de la confederacion, es otro edificio notable. El grande hospital, situado en una ancha calle, que puede llamarse plaza, merece ser visitado por mas de un concepto: el servicio interior no deja nada que desear: la belleza del edificio es digna del objeto á que está destinado. El lema escrito sobre su puerta es magnífico, Christo in Pauperibus: es un modelo[11].
Sobre todos los edificios de Berna, sobresale por su hermosura y grandeza el nuevo palacio del Parlamento, recientemente terminado. Es una soberbia mole de piedra, de tres cuerpos, de esbelta arquitectura, gótica en su mayor parte: el interior corresponde á lo que desde fuera anuncia. No está terminado completamente.
Berna tiene universidad literaria á la cual concurren de 150 á 200 estudiantes por año. A propósito de letras, pláceme consignar que la Suiza tiene organizada la instruccion como ninguna nacion de Europa. Y séame permitido protestar que en esta asercion nada hay exagerado: tengo el hábito de estudiar ántes de emitir un juicio.