He visto por mí mismo las universidades y escuelas de Suiza, casi en su mayor parte: he leido las estadísticas, he comparado, y encuentro que la Francia está muy atras, sumamente rezagada, y á una larga distancia de la Suiza.
Tan extendida está la instruccion en la antigua Helvecia, que es sumamente difícil, sino imposible, encontrar un hombre del pueblo que no sepa leer y escribir. Casi todos, ademas de su lengua, hablan el frances en la Suiza alemana. Por su parte la Suiza francesa, con la ciudad de Ginebra á su cabeza, una de las mas avanzadas de Europa, no se queda detras.
Bueno es apuntar aquí mismo una observacion digna, que en este momento se me ocurre. La instruccion en Francia, y en otros paises, ha servido para aumentar la cifra de las estadísticas criminales, por estar mal dirigida: en Suiza sucede lo contrario. En el momento en que escribo estas líneas, recuerdo que hace mas de medio año que estoy en Berna, ciudad de treinta mil habitantes. Este número de personas, en el plazo de seis meses, dia por dia, no han visto cometer ni siquiera un robo, ni un asesinato, ni una herida, ni una disputa. Esta reflexion aislada y sin comentarios, habla muy alto: agreguemos otra que aumenta su importancia. El proletarismo es la plaga social de Suiza, abundan por todas partes los mendigos….
La pobreza y la instruccion ¿no engendrarian por todas partes desbordamientos sociales? estudien los políticos miopes sobre este contraste.
No sucede así en Francia; allí el pueblo es bastantemente grosero, literariamente hablando; tiene un barniz de cortesanía que está en la sangre, pero lee y escribe en corto número y con dificultad.
Los alrededores de Berna son, como toda la Suiza, admirables: praderas de eterna verdura, cascadas, torrentes, montañas, casas de campo. Las carreteras, á nivel de las mejores de Europa, se ofrecen en abundancia por todas partes, con una verdadera prodigalidad.
Hay en Suiza, volviendo á la instruccion pública, el fabuloso número de cinco mil quinientas escuelas, á las que acuden cuatrocientos mil discípulos. Estas dos cifras, teniendo en cuenta que la poblacion de toda la Suiza se compone solamente de dos y medio millones de habitantes, habla con incontestable elocuencia en pro del estado intelectual del pais.
Los establecimientos penales de Berna se hallan muy bien organizados: tanto los hombres como las mujeres de las prisiones, son empleados con especialidad en los trabajos del campo.
En Suiza existe la verdadera libertad política á que aspiran en vano las demas naciones. La accion del gobierno, que en todos los paises se siente á todas horas y en todas las operaciones, no interviene en los hábitos del pueblo suizo. En ninguna parte se encuentra un soldado; los agentes de policía en corto número, tolerantes y humildes, en contraste con los de otras naciones, apénas se dejan ver, absteniéndose muy bien de prácticar esa serie de ataques á la libertad individual que parece constituir su principal instituto en ciertos paises.
Los agentes del poder en Suiza, empezando por el presidente de la Confederacion Federal, son extremadamente humildes y modestos. He conocido dos, el coronel Frey-Herosée, y el doctor Furrer, ámbos instruidos, modestos, hombres de Estado, probos y rectos. Desconocen el lujo, viven como el último ciudadano, y se mezclan con todos. ¡Tienen seis mil fr. de sueldo anual!