Cerrando el cuadro se levanta el majestuoso palacio, todo de cristal, soberbio y admirable. Tres grandes y anchas rampas, con graderías y estatuas de piedra y mármol, dan entrada al pié del palacio. Tres cuerpos colosales forman el frente; cierran los flancos otros nuevos, recientemente levantados.
El palacio tiene, ademas del bajo, otros tres pisos. Abundan en profusa riqueza los espléndidos salones, entre los que descuellan el del patio de los leones de la Alhambra, fielmente copiado. El salon egipcio, con decoracion pura de jeroglíficos y estatuaria egipcia: el asiático, con pomposa elegancia, y otros muchos de que yo no me acuerdo.
Dentro del palacio, y en medio de los salones, hay lo que en Paris he visto copiado, fuentes abundosas y elegantes, árboles de todos los climas, flores en profusion.
Las infinitas columnas que mantienen el palacio, todo de cristal, y que parece sustentado en los aires, son de hierro, esbeltas, finas, elegantes. La brillante claridad de todo el edificio, como de cristal que son sus lienzos, el perfume de las flores que en sus salones crecen, el canto de los abundantes pájaros que allí viven, la rica decoracion que viste todo, el murmullo de las copiosas fuentes que brotan en medio de los salones, la vista de la campiña, que sin obstaculo alguno se ofrece por todas partes, rodeando el edificio, todo este conjunto reunido, me causó una gratísima emocion.
Al pié del edificio una banda militar ejecuta todos los sábados escogidas piezas de música. Inútil es añadir que para que nada falte, dentro del palacio hay un hotel, abundantemente surtido, con su correspondiente cocina inglesa.
Los palacios que la Reina tiene en Lóndres no valen ciertamente la pena: son buenos edificios, cercados de elegantísimos parques, con ganados y estanques, como el de Whitehall cerca de la Abadía, pero no son monumentales. Los lores tienen muy buenos hoteles casi todos en squares, plazas que son fragantes bosques de árboles y jardines, que por todo Lóndres se encuentran.
La torre de Lóndres, célebre por las catástrofes de que ha sido templo, solo á traves del prisma histórico de los recuerdos, ofrece interes. Hállase situada á la izquierda del puente de Lóndres, desde el cual se goza un magnífico panorama, con una ciudad á cada lado del rio, con vapores elegantes que sin cesar cruzan, con templos y palacios en abundancia á derecha é izquierda, con Richmond al fin de un lado, y con la torre de Lóndres al otro.
Lóndres es solo agradable para los ingleses: así como Paris es la ciudad de todos los extranjeros del mundo, la capital inglesa no puede gustar mas que á los hijos del pais. La sociedad es la mas difícil é innaccesible: si un extranjero no es introducido no hará una sola relacion aunque permanezca un año, pero una vez introducido, la sociedad es agradable y fácil. La cocina inglesa, que no todos los extranjeros aman, es la única que hay, porque escasean los hoteles y restaurants de Paris, y escaseando hay que someterse.
El carácter de la ciudad es serio y grave, los domingos horriblemente tristes, solo el comercio, y nada mas que el comercio, constituye la vida inglesa: aunque hay teatros y diversiones, excepto los domingos, es inútil buscar la alegría, no se halla en parte alguna: es difícil, sino imposible, comer á gusto del individuo: en una palabra, Lóndres no hace nada por los extranjeros; Paris, todo: en la capital de Francia encuentra el viajero la realizacion de todos sus gustos, su manera de vivir; en la capital inglesa, es preciso plegarse al ajeno estilo, renunciar á lo conocido y agradable: en Paris se olvida uno si ha salido de su patria, en Lóndres nunca se deja de ser extranjero.
La razon se explica fácilmente: son dos pueblos antípodas en todo: hábitos, antecedentes, carácter, modo de vivir, todo diferente, todo distinto: esto en cuanto á los extranjeros en general: yo de mí sé decir que aunque en Lóndres recorrí y gusté cuantos placeres ofrece la capital, aunque viví en una buena casa, y estuve constantemente obsequiado, salí de su recinto no con pena, como me sucede al abandonar Paris, sino sin trabajo: contento, sí, muy contento, de haber visitado la curiosa capital de los ingleses, satisfecho del viaje que juzgo necesario para el que quiere estudiar la sociedad inglesa, pero sin el sentimiento mas pequeño, sin violencia alguna.