Lóndres, en 1856, ha dado al mundo un espectáculo repugnante: la propiedad y la vida amenazadas é inseguras; los ciudadanos, en medio de las calles, apaleados; los robos y los insultos hechos de dia en medio de la metrópoli; los caminos todos de los alrededores de Lóndres cubiertos de mendigos, que se ocupaban en acometer y maltratar á las mujeres desvalidas.

Esto en cuanto á la seguridad individual: la higiene pública ha tenido los enemigos siguientes: aparte de sus nieblas, frios y lluvias, se han adulterado en Lóndres, segun datos oficiales, todos los artículos alimenticios. Estos mismos géneros se han vendido con pesos falsos, de suerte, que ademas de falsearse con perjuicio de la salud pública todos los artículos de primera necesidad, se vendian con pesos y medidas falsas … esto no necesita comentarios, y estos hechos son oficiales, publicados por el gobierno ingles, para enseñanza de los que atribuyen á Lóndres una civilizacion pujante, avanzada y llena de vida.

Con respecto á la moral pública, los tribunales de Lóndres se han ocupado en 1856 de un inmenso número de procesos que traducen una corrupcion general de costumbres.

Las cárceles han recibido un contingente extraordinario, cuyo número desconsuela; se han cometido robos escandalosos por empleados públicos, así como por agentes de compañías de caminos de hierro; los nombres de Robbson Redpath, y otros, cuyos actos criminales tanto han escandalizado á la moral pública; las catástrofes de Dean Paul, Sadler y otros; los suicidios, los actos de embriaguez; los 36,000 obreros que pasearon las calles de Lóndres, hambrientos, miserables, sin trabajo; los 1,200 millones de libras esterlinas gastados en la guerra de Oriente, que han aumentado enormemente la deuda pública, que como una losa de mármol pesa sobre la Inglaterra, todos estos acontecimientos reunidos forman un conjunto poco envidiable para un pueblo que se llama libre y civilizado.

Los divorcios, que ultrajando la moral y el pudor, se arreglan con dinero, rebajando la dignidad humana y escarneciendo á la mujer, son otro cuadro tremendo que ningun pueblo debiera ofrecer á la consideracion pública.

Lo que ha salvado hasta hoy á la sociedad inglesa, el timbre mas alto que tienen, su gran dote, es el respeto que todos los ingleses profesan á la ley, y su acendrado amor patrio. Sin estas dos condiciones, en especial la primera, la revolucion hubiera llamado ya imponente á las puertas de Inglaterra, y la sociedad entera se hubiera conmovido hasta en sus cimientos.

En 1856, nacieron en Lóndres 44,159 niños, y 42,674 niñas: fallecieron del sexo masculino 28,894 personas, y 26,892 del femenino; el número total de habitantes que contaba Lóndres en diciembre del mismo año, era de 2,616,246, cifra crecidísima, y la mayor de todas las capitales de Europa.

Segun una memoria publicada en Lóndres en enero de 1857, las personas que viajaron por el Támesis en todo el año de 1856 fueron en número de cuatro millones. Esta crecidísima cifra, que parecerá exagerada al que no ha visitado Lóndres, no sorprende en modo alguno al que ha visto el número extraordinario de vapores que durante todo el dia cruzan el Támesis, conduciendo generalmente cada uno cuantas personas cojen sobre los puentes.

Marchan con gran velocidad, y al pasar por debajo de los puentes del rio, bajan instantáneamente sus chimeneas sin detener la marcha, volviendo á levantarlas inmediatamente despues de cruzar el arco por donde atraviesan.

El golpe de vista que ofrece el Támesis, en un dia claro del mes de julio, es magnífico y grande: el rio imponente y anchísimo, con sus magníficos puentes, y surcado por innumerables vapores; y cercando el rio, por ámbas riberas, dos grandes lienzos de palacios, iglesias, monumentos: es un admirable sitio de recreo la vista del Támesis.