La iglesia de los Agustinos vale la pena de ser vista por mas de un concepto: aparte de la belleza del edificio, el célebre Canova tiene allí una de las mejores páginas que en mármol ha escrito su inspirado cincel. La tumba de la archiduquesa Cristina, mausoleo magnífico que la vanidad ha levantado, dió orígen, y por ello ya merece perdonarse, á que Canova, el escultor sin rival, desplegara todo su talento en la obra. Los que amen las artes, por poco que entiendan de escultura, no salgan de Viena sin visitarla.

Otro templo notable es el de San Pedro, construido el año 800 por Carlo Magno. Su venerable antigüedad y su belleza artística atraen la mirada del observador y contentan la imaginacion, que gusta de contemplar un pasado tan lejano y sin embargo tan firme y robusto.

En Viena, no obstante dominar casi exclusivamente la religion católica, tienen tambien la buena suerte de tolerar las demas: hay templos para todos los cultos, y colocados unos en frente de otros, no hay indiferencia ni hipocresía.

El palacio del Emperador no es seguramente uno de los mejores de Europa; es modesto y nada mas: en el jardin que por un lado le adorna se levanta una estatua dedicada á Francisco I. La plaza de armas, próxima al palacio, da frente al Jardin del Pueblo, cuyo título no he comprendido aun; en la capital de un imperio gobernado con las formas absolutistas, me figuro que es lo que los franceses llaman una plaisanterie, aunque no del mejor gusto.

Las calles principales son las de Herngasse, de los Señores, la de la Puerta del Cielo y otras cuatro ó cinco. Me llamó mucho la atencion el observar que con bastante frecuencia el viajero encuentra en las calles y plazas columnas dedicadas á la Virgen, á la Trinidad y otros símbolos religiosos. Yo encuentro que las manifestaciones mas expresivas en materia de religion son las de las acciones verdaderamente cristianas, que huyen la luz y el espectáculo, ocultándose en el santuario de la conciencia. Pero en fin, como que tengo una singular complacencia en tolerar todo respetando las opiniones de los demas, nada digo en contra, emito solamente mi parecer.

Las plazas mas grandes que yo tuve ocasion de ver en Viena, son la de la Harina y la de José: ámbas son espaciosas y monumentales. El viajero que guste conocer lo antiguo de las ciudades, tiene diferentes visitas que hacer; hay algunos edificios que merecen ser vistos. Abundan las fuentes en las plazas, lo cual es muy bueno.

Los establecimientos de beneficencia están admirablemente comprendidos y organizados en Viena: los pobres, esos desheredados de la fortuna, que el mundo apénas se digna mirar, la religion suavísima y tierna del Crucificado los recoje cariñosa y los abriga con amor en sus templos hospitales: los de Viena dejan muy poco que desear, son admirables.

Los establecimientos literarios en Viena, como en toda Alemania, llaman poderosamente la atencion. Esta parte de la Europa, que la elegante Madame de Staël ha llamado la patria del pensamiento, y que es en verdad el oriente de donde nos viene la luz en materia de adelantos científicos, consagra un cariñoso cuidado á reunir libros y monumentos literarios.

La biblioteca principal de Viena contiene 300,000 volúmenes, pero de obras escogidas, de tesoros de inteligencia y saber. Allí, los monumentos mas preciosos que la ciencia ha levantado, se encuentran reunidos: allí, en presencia de tanto y tan magnífico caudal de ideas, el hombre comprende su dignidad, su grandeza y los altos fines para que ha sido creado. Allí reina la inteligencia, soberana del mundo, allí se respira el aire de la gloria, allí se levantan esas altas pirámides que señalan el camino del mundo, allí están reunidos los héroes del pensamiento, los atletas de la inteligencia, allí está la verdadera aristocracia de la humanidad, que cuenta por blasones 300,000 volúmenes: allí está el orgullo de las sociedades, la riqueza del porvenir, la gloria del pasado, el honor de las presentes edades.

En la biblioteca de Viena, los filósofos, sabios y escritores de todos los climas y lenguas, hermanos, por el parentesco del alma, viven reunidos y en paz: allí está el mejor árbol genealógico posible del humano linaje; esos son los establecimientos que yo visito con placer y predileccion: nunca, en ningun pais, he procurado ver las armerías, arsenales de instrumentos de muerte que nada bueno pueden decir; las bibliotecas honran una nacion; yo así lo creo; y haciendo un punto á mis involuntarias reflexiones, digamos algo de la biblioteca de Viena.