Es arrogantemente temerario el valor del hombre que se ha
lanzado á ciegas en medio de los precipicios y las tempestades.
No hablo en manera alguna de hoy; hoy no tiene ningun mérito un
viaje al rededor del mundo, hoy todo se conoce, hoy hay medios.
Me refiero á Colon, atalaya inmensa de las modernas edades que
no tiene rival.
Es necesario hacer un viaje á América para llegar á comprender el heroismo de Colon; de otro modo no se entiende; y mas que el heroismo de Colon, el de nuestros valientes compatriotas que componian la tripulacion de sus tres pequeñas embarcaciones.
Sí, ellos son mas heróicos; Colon tenia el genio, el rayo de la inspiracion, la perspectiva de la gloria que le ha inmortalizado, por guia: él sabia adonde iba: los sencillos marineros que le acompañaban no, no conocian mas playas que las de España, no podian ni soñar con la existencia de otro mundo, se veian arrojados en una empresa que acobardaba á todos, que la Europa toda calificaba de locura, se vieron solos en medio de mares que nadie mas que el ojo de Dios habia visto, sin saber adonde iban ni por qué ruta: creyendo que la vuelta seria imposible y creyéndolo con razon é ignorando al propio tiempo si habria llegada, porque ellos nada sabian, porque entónces se ignoraba todo, porque no se sabia qué habia detras del mar. Es necesario hacer un viaje marítimo para comprender esto.
Desde San Vicente hasta Pernambuco, primera poblacion del Brasil, que del otro lado de la línea se encuentra, empleó nuestro vapor ocho dias.
La distancia que separa ámbas poblaciones es de 1,620 millas marítimas.
Nada mas grande que la salida y puesta del sol vista desde un buque en pleno océano. Semeja el astro del mundo un inmenso globo de fuego resplandeciente: no parece sino que se levanta del seno de los mares, la ilusion es completa.
El horizonte está cerrado por todas partes por un círculo de agua; allí, á bordo, en mitad del Atlántico, figúrase la imaginacion que la tierra toda está cubierta por el Océano, único elemento que se ve; de aquí el que parezca, con todas las apariencias de verdad, que el sol se levanta por la mañana del seno de las aguas, y que allí vuelve á acostarse cuando la tierra girando en el vacío ha hecho su movimiento diario al rededor de él.
En el mar no se comprende el ateismo: tampoco tiene explicacion en la tierra, no, pero el Océano, con su voz inmortal, ora hable con la soberbia cólera de la tormenta, ora con la apacible majestad de su tranquilo y eterno flujo y reflujo, siempre publica la existencia de Dios, siempre pregona su poder, siempre canta su omnipotencia, siempre habla de la eternidad, siempre explica el infinito, siempre convence de la otra vida.