Rio Janeiro, capital del imperio del Brasil, es una ciudad de 300,000 almas; magníficamente situada y con una soberbia y pintoresca bahía, una de las mayores del mundo.

Sus calles principales son la Rua Dereta y la Rua d'Ouvidor: la primera de estas es ancha y despejada; en el centro está el edificio de la Bolsa: es calle muy concurrida y de bastante animacion; tiene buenos comercios y cafés, empieza en la plaza de Palacio y termina cerca de una iglesia cuyo nombre he olvidado.

La Rua d'Ouvidor es la principal calle de Rio Janeiro, por la importancia de los elegantes comercios que la adornan: es recta y desemboca en la rua Dereta, que, como ya he indicado, es de las mejores de la ciudad. Tiene un grande número de elegantes tiendas, de franceses en su mayor parte, vestidas con el lujo de los comercios de las ciudades europeas: el empedrado es de lo mas detestable que puede imaginarse, y como las lluvias son muy frecuentes, apénas puede transitarse por la citada calle.

El resto de las calles de Rio Janeiro, en general, está en un lamentable atraso, sin empedrar, descuidada su limpieza, y en estado de perfecto abandono.

Hay un gran número de plazas, entre las que descuella, por su inmensa extension, la del Teatro Provisorio. Como carezca de grandes edificios, y no tenga proporciones, ni árboles, ni cultivo, ni adornos, solo ofrece á la vista del viajero una grande extension de terreno, que podria ser una magnífica plaza.

En uno de sus lienzos están los palacios del Senado y la Cámara de los Diputados. En el centro de otro de los frentes está el Ministerio de Negocios Extranjeros, en una modesta casa que no me atrevo á llamar palacio. Enfrente se levanta el teatro Provisorio, destinado á la ópera italiana.

El nombre del Teatro indica bastantemente lo que es, provisional; se construyó en un corto plazo de tiempo: ni tiene arquitectura, ni estilo, ni formas, ni pensamiento; es una obra ejecutada sin mas objeto que el de hacerla servir por poco tiempo para teatro, ínterin se construia otro, que aun no se ha empezado.

De todos modos allí se canta la ópera italiana, y es en verdad un gran recurso para Rio Janeiro: en general hay buenas compañías; el gobierno contribuye al sostenimiento del Teatro con una subvencion de ocho mil duros anuales. La compañía que cantaba en 1856 era bastante buena: las dos primas donnas, mademoiselle la Grua y madame Charton, interpretaban muy bien sus papeles, como en cualquier teatro de Europa. Despues cantó la Steffenone, que últimamente ha brillado en los Italianos de Paris cantando con grande éxito el Trovador.

Cuando yo salí de Rio Janeiro para regresar á Europa, estaban escriturados Tamberlik y la Dejean.

Otra de las plazas que merecen mencionarse es la del Rosario, espaciosa, regular, y con mas proporciones que la del Provisorio. Tiene cuatro fachadas de casas regulares, y en el centro han plantado algunas docenas de árboles que la completan y hermosean. En uno de sus ángulos está el Teatro de San Pedro, consagrado á la comedia: se representan en portugues, piezas traducidas del frances y del español. Estando yo en Rio Janeiro un voraz incendio consumió por la segunda vez el coliseo.