En diferentes ocasiones hubo de recordar Cervantes estas amistades, dando prueba de ello en el "Canto de Calíope", que forma parte de La Galatea, en donde elogia á nuestros ilustres paisanos Juan Coloma, Luis Garcerán, Alonso Rebolledo, el doctor Falcón, Micer Rey de Artieda, Gaspar Gil Polo y Cristóbal de Virués.
En el Viaje del Parnaso, publicado en los últimos años de su vida, vuelve á recordar á nuestros ingenios y les tributa los siguientes elogios, sin dejar de olvidar la hermosa tierra que le recibiera amorosa después de un lustro de cautiverio:
Y en esto descubrióse la grandeza
De la escombrada playa de Valencia
Por arte hermosa y por naturaleza.
Hizo luego de sí grata presencia
El gran don Luis Ferrer, marcado el pecho
De honor, y el alma de divina ciencia.
Desembarcóse el dios, y fué derecho
Á darle cuatro mil y más abrazos,
De su vista y su ayuda satisfecho.
Volvió la vista, y reiteró los lazos
En don Guillem de Castro, que venía
Deseoso de verse en tales brazos.
Cristóbal de Virués se le seguía
Con Gaspar de Aguilar, junta famosa
De las que Turia en sus riberas cría.
No le pudo llegar más valerosa
Escuadra al gran Mercurio, ni él pudiera
Desearla mejor, ni más honrosa.
Luego se descubrió por la ribera
Un tropel de gallardos valencianos,
Que á ver venían la sin par galera:
Todos con instrumentos en las manos
De estilos y librillos de memoria,
Por bizarría y por ingenio ufanos:
Codiciosos de hallarse en la victoria,
Que ya tenían por segura y cierta,
De las heces del mundo y de la escoria.
Pero Mercurio les cerró la puerta.
Digo, no consintió que se embarcasen,
Y el por qué no lo dijo, aunque se acierta.
Y fué porque temió que no se alzasen,
Siendo tantos y tales, con Parnaso,
Y nuevo imperio y mando en él fundasen.
En esto vióse con brioso paso
Venir al magno Andrés Rey de Artieda,
No por la edad decaecido ó laso.
Hicieron todos espaciosa rueda,
Y cogiéndole en medio, le embarcaron,
Más rico de valor que de moneda.
Al momento las áncoras alzaron,
Y las velas ligadas á la entena
Los grumetes apriesa desataron.
De nuevo por el aire claro suena
El son de los clarines, y de nuevo
Vuelve á su oficio cada cual sirena.
Miró el bajel por entre nubes Febo,
Y dijo en voz que pudo ser oída:
—Aquí mi gusto y mi esperanza llevo.
En su póstuma obra, Los trabajos de Persiles y Sigismunda, dedicada á su protector el conde de Lemos, cuatro días antes de su muerte y después de recibida la extremaunción, se encuentran otros elogios á nuestra ciudad por todo extremo halagadores y que tenemos verdadero gusto en reproducir: "Cerca de Valencia llegaron, en la cual no quisieron entrar por escusar las ocasiones de detenerse; pero no faltó quien les dijo la grandeza de su sitio, la excelencia de sus moradores, la amenidad de sus contornos, y finalmente, todo aquello que la hace hermosa y rica sobre todas las ciudades, no sólo de España, sino de toda Europa; y principalmente les alabaron la hermosura de las mujeres, y su extremada limpieza y graciosa lengua, con quien sola la portuguesa puede competir en ser dulce y agradable."
EDICIONES CERVANTINAS VALENCIANAS
No son, en verdad, muy numerosas las ediciones publicadas en Valencia de las diversas obras del príncipe de nuestros ingenios; pero las hay de tan extraordinaria rareza, y aún desconocidas algunas por los biógrafos cervantinos, que no resistimos á la tentación de enumerarlas en los actuales momentos en que España y el mundo entero conmemoran el tricentenario de la muerte del inmortal Manco de Lepanto.
En un rarísimo volumen en 12.º, impreso en Valencia en 1593, y del que da puntual noticia don Pedro Salvá, en el comentario al número 363 de su excelente "Catálogo", se incluyen tres romances que la generalidad de los críticos atribuyen á Cervantes.