Hallábase ésta perpleja é indecisa ante la puerta cuando llegó él.
—¿Qué pasa?—preguntó.
—¡Que la puerta está cerrada!
—¡Bah!
Tanteó el caballero la resistencia que podía ofrecer aquélla, con un empujón, y viendo que ésta no podía ser mucha, le aplicó una fuerte patada; la puerta, medio carcomida por el tiempo, se abrió de par en par.
—¡Ya está abierta!... Ya puedes entrar... y despachar cuanto antes. Mira que es gusto venir á recrearse en cosas viejas, feas... y desagradables. No comprendo que se tenga capricho en ver los lugares donde se han pasado miserias y privaciones.
—Hombre... ¡es la casa donde nací!
—Sí, no digo que no; pero la casa donde naciste se halla en la actualidad con el techo hundido, cayéndose de vieja... y llena de alimañas.
—¡Pues no entres tú!—dijo Julia algo contrariada.
—De eso puedes estar bien segura. Por eso te he dicho que despaches pronto.