—Porque ella sabe muy bien que es la moza más hermosa del pueblo; porque ella es muy presumidica... ¡y razón tiene para serlo!..., y porque se me está figurando que desde que te ha visto cojo se le ha ido todo el amor por los talones.

—¡Congrio!... ¡Tú has dao en el clavo, Meleno!—dijo Pelotón dando un berrido.—¡Mira que confundir el amor con el agradecimiento!... ¡Hay que ver!

—Se comprende que te hubieras enamorao, si hubieras sido capitán, pongo por caso...

—¡Siquiá teniente; hombre, siquiá teniente!

—¡Pero siendo un triste soldao!

—¡Y pensar que en estas tierras que labramos ha de nacer el trigo con que, en casa, he de amasar el pan que se ha de comer esa descastada!

—Y el burro de su marido; porque es de suponer que no la faltará con quien casarse.

—Si fuera pa la otra, Meleno, ¡con qué gusto lo amasaría... y con qué gusto metería mi corazón dentro de una libreta pa que ella se lo comiera!—dijo Juan soltando unos lagrimones.

—¡Eso es agradecimiento! Aquí quisiera yo ver á la Dolores, á ver si se atrevía á decir que estabas enamorao... ¡Pero, en fin, á lo hecho, pecho... y no pienses más en ello!

Pelotón, sin replicar palabra, clavó el arado en la tierra, empuñó las riendas y la mancera y, arreando la yunta, empezó de nuevo su trabajo abriendo profundos surcos en el suelo, que iba regando con lágrimas...