—¿Estás ya satisfecha?
—¡Sí! Ahora te pido que perdones mi terquedad; era una cuestión de amor propio. Desde hoy mi voluntad será la tuya, Andrés—dijo Lucía, levantándose y bajando la vista al suelo.
Andrés, levantándose también, se acercó á Lucía, á la ex novia que recobraba, y estrechóla amorosamente contra su pecho, á tiempo que Doña Luisa, con Abelardín, aparecía en la puerta de la sala.
Indice
Obras del mismo autor.
Teatro.
Un beneficio, sainete (en colaboración con D. Rafael de Santa Ana).