IV
A los quince días fué publicado el artículo que Jacinto escribiera en su primera noche de escritor cómico.
Cuando Martínez terminó de leerlo, en alta voz para que todos los compañeros, incluso el Jefe, lo oyeran, el autor recibió una ovación en toda regla.
El Jefe, arrellanado en un sillón, movía convulsivamente su enorme vientre á impulso de la risa.
—Eso, hombre, eso...—decía, entrecortadamente, mirando á Jacinto.—Éste, á su vez, con una gran tristeza reflejada en el semblante, miraba á todos y estaba como asustado ante aquella explosión de risa que había causado su artículo.
—¿Quién te ha cambiado chico?—dijo Pepe.
—Si me lo dicen, no lo creo—agregó Gutiérrez.
—Hay que ver qué gracia tiene eso del encuentro con el compañero al ir á empeñar la alhaja—refunfuña el Jefe entre grandes carcajadas.
—Y que eso es verdad, ¿eh? Eso le sucede á cualquiera.
—¿Y lo de los chicos disputándole la cordilla al gato?