La bomba tiene ganchos, guarniciones, todo lo necesario á punto de servir.

En el establo se encuentran constantemente enguarnecidos los caballos, que son siempre escogidos y notables por su hermosura, su brío, y sobre todo, por estar perfectamente enseñados y ser de rara inteligencia.

Al toque de alarma ó vibraciones rapidísimas del timbre á la vez, y con una celeridad que permitiria ver todo lo que pasa con la luz de un solo relámpago, los caballos cabecean y se desprenden por sí mismos del pesebre, corren furiosos y se acomodan á la bomba, donde uno ó dos movimientos los enganchan, miéntras se han vestido los bomberos y están en sus puestos; una trampa del techo se abre, y por unos cables descienden soldados y conductores, y parte la máquina al sonar el mandato dictado con el timbre.

Los rapidísimos instantes en que esta revolucion se efectúa, están los caballos con las orejas inquietas, los ojos despidiendo llamas, inteligentes, indagadores, poseidos de su mision, parecen prevenirlo todo y adelantarse á los deseos de los jefes y de los compañeros de peligros.

Dáse la señal: desbocados materialmente los caballos, arrastran como un torbellino las bombas, que corren, al clamoreo de sus campanas y entre el tumulto, al lugar del peligro.

El edificio que se trata de salvar está envuelto en las llamas.... Unos bomberos en escaleras altísimas, que recargan á las paredes, penetran al lugar de la catástrofe; otros ajustan mangas á las ventanas para salvar enfermos, niños y muebles; algunos, escalando por un cable ó una asta, derriban techos y se hunden con ellos para incomunicar el fuego, y entre los alaridos, las escenas de horror y las corrientes caidas y crujidos de la llama, pasea el bombero su heroismo, y es como el génio del bien y de la salvacion.

A veces el incendio cede á los esfuerzos de estos generosos custodios de la ciudad, y entónces, con las ropas desgarradas y rastros del incendio, polvosos, escurriendo agua, se organizan, se forman, y vuelven cantando con entusiasmo su marcha favorita, que es como el himno del bien y de la fraternidad triunfante.

Los niños siguen á los bomberos, las jóvenes aplauden y los saludan, agitando sus pañuelos, y los hombres se descubren conmovidos y orgullosos en presencia de aquel espectáculo lleno de grandeza.