XII
Vida externa.—Pick-nic.—Un paseo á la orilla del mar.—La mision de Dolores.—Fort-Point.—El Alcatraz.—La bahía.—El peñon.
LA CONSTRUCCION de las casas sin patio ni balcon, dan idea, á primera vista, de la poquísima importancia que tiene la vida íntima, la residencia ociosa, en una ciudad americana.
El patio, recuerdo del serrallo, se engalana con flores primorosas y con pájaros cautivos, juegan los niños en sus corredores y recibe el anciano las caricias del sol.
El balcon es como el aparador en que las bellas se dan en espectáculo: anima el muro, sirve de atalaya á la vieja curiosa y á la criada diligente; en los países calientes es el punto de reunion en que se anima la tertulia y se reciben los halagos de la brisa.
En la casa americana, se come, se duerme, se baila, se cura, se muere; pero no se puede decir que se vive.
Tal vez depende la circunstancia en que me he fijado, de que la primera necesidad de estos pueblos es el movimiento.
Fomenta la benéfica tendencia á la accion constante, la afluencia de extranjeros, que es á la vez renovacion y purificacion de la sociedad; esa oferta de trabajo más barato y más inteligente; esa emulacion, no se traduce en odios y repulsiones, sino en competencia de mejora, y esto es fundamental, en mi juicio, para aquellos pueblos.
Las naciones débiles, como los animales débiles, son celosas; en ciertos países se expía toda superioridad como si fuera crímen: cuando un hombre descuella, cuenta con la insurreccion de las medianías. En estos pueblos no: cuando álguien sobresale, se procura superarle, se ponen los medios para avanzar más; pero sin deprimir al adversario: entónces viene la competencia que perfecciona, el invento que eleva la industria, la supremacía legítima del mérito. La intriga y las envidias, se estrellan en el buen sentido universal.