En la fortaleza no habia nadie absolutamente: uno de nuestros amigos se dirigió al Presidio, hoy residencia de la guarnicion, y solicitó permiso para que unos extranjeros viesen Fort Point: al momento se obtuvo la licencia, presentándosenos para darnos entrada é instrucciones, un jóven sargento, con sus llaves en la mano.
Abrió el sargento una puertecilla ancha y del alto de dos varas á lo más, y penetramos en la fortaleza.
Desde la entrada de la bahía se percibe la fortaleza que vamos á describir, como un punto saliente en una línea de obras estupendas que van siguiendo las sinuosidades del terreno: cerca de una milla tendrá ese conjunto de obras, y en ella existen veinticinco baterías. Despues hay troneras á corta distancia en que se ven de dos en dos cañones de grueso calibre, teniendo á la retaguardia un bien provisto almacen cada batería, incrustado en el muro fortísimo, de más de tres varas de espesor.
El cañon del punto más saliente es una exageracion, una paradoja de bronce.
El tránsito á cada batería está dispuesto sobre el glácis del parapeto, formando unas garitas que sirven de refugio á los defensores.
Los parapetos tienen treinta y siete piés de ancho y algunos de ellos más: las bóvedas de las travesías miden cinco piés de espesor.
Todo el edificio de piedra está construido á prueba de bomba y de fuego, y presenta la solidez del granito.
El centro de la línea que parte de la batería está provisto de doce colosales morteros.
El fuerte descansa en un gran cimiento ó peana, que combinada con la configuracion del mar, es capaz de resistir á la artillería de mayor calibre.