El jóven polaco, sentado en un albardon como una uña, cabalgaba al lado del coche, diciendo chistes y amenizando la concurrencia.
Recorriamos médanos y colinas áridas, interrumpidas por deliciosos jardines, régias estancias y chozas entre árboles, rodeadas de ganados.
Veiamos, como esqueletos de pié, armazones de casas, con trazos hechos con latas, de departamentos que deberian alojar á la comodidad y al lujo, y se recreaba nuestra vista en paisajes cuyo último término lo forman las sierras, si no tan levantadas y romancescas como las nuestras, sí de grande belleza y majestad.
El doctor, á la vista del edificio de adobe del antiguo presidio, aprovechado ahora para una pequeña guarnicion, conservando su tipo español, me decia:
—Ya vd. ve lo que es el mundo: la gloria de la conquista de estos lugares se atribuye generalmente á Cabrillo, sin recordar al asesino Jimenez, que de resultas de la muerte que dió á Diego Becerra, tocó en la Paz en 1533; ni á la famosa expedicion de Cortés; ni á las tropas que mandó en 1564 D. Luis Velasco, miéntras otras tomaban posesion definitiva en las islas Filipinas; ni siquiera á las correrías del pirata Francisco Drake, que aunque vino á California, 37 años despues que Cabrillo, quiso poner á California la Nueva Albion y arrogarse la gloria del descubrimiento.
Al ver esa humilde iglesia, aunque de construccion muy moderna (1822), continuó señalando la mision de Dolores, no puede dejarse de recordar el zelo apostólico de los padres franciscanos primero, y de los jesuitas despues.
—Pues en México, dijo uno de mis compañeros, mexicano, acaso porque lo más precioso de nuestra historia se encuentra en las crónicas de misiones y conventos, las personas estudiosas conocen las relaciones de Clavijero, Gomara, el capitan Sebastian Vizcayno, el derrotero del P. Escobar, el del almirante Anson y los minuciosos detalles del P. Torquemada.
¡Qué divino P. Salvatierra! qué P. Piccolo tan lleno de espíritu de caridad! qué ingenioso P. Ugarte! qué ardiente fervor del P. Luyando! cuánta sabiduría muestra el P. Sedelmayer en su reconocimiento del rio Gila!
Muy satisfecho se mostraba el doctor de los conocimientos de mis amigos, y se hubiera convertido en Liceo el ómnibus, si las muchachas no apagaran con sus cantos las voces de los sabios, con aplauso general.
A poco de que esta interrupcion acontecia, y despues de pasar al frente de los corredores de lo que fué presidio, y de la iglesia con su fachada que termina en triángulo, sostenido por gruesas columnas, pararon los carruajes, descendimos todos, tomaron los criados el rumbo de la playa inmediata, y nos detuvimos frente á la entrada de la inmensa fortaleza que no ofrece accidente alguno, sino muros lisos, formidables, con sus ventanas y troneras.