La Vuelta al Mundo está tomada punto por punto de la novela de Julio Verne, que lleva ese título, sin más, que para comunicarle unidad é interes, se hace depender el éxito de la apuesta del inglés, de su matrimonio con una simpática muchacha, y que se hace uno de los personajes principales un yankee valiente y generoso.

Por supuesto, que en esa revista de todos los países; en esas campañas con los salvajes; en esos tránsitos de la locomotora entre las rocas, haciendo saltar el hielo, aquel público, se ve, se siente, pasan á su vista escenas de que está siendo actor y es infinito para ellos el interes del espectáculo.

Domina lo tremebundo y exagerado, sea en lo trágico, sea en lo grotesco: riñas, tiros, puñadas, empellones y agonías, se hacen muy á lo vivo.

Se desatan los estusiastas en silbidos furibundos, y hacen que les repitan los trozos más de su agrado, sean muertes, ó bailes, ó lo que se fuere.

En lo grotesco, sucede lo mismo: un policía que persigue á sol y sombra al protagonista, se disfraza de negro con toda perfeccion; el criado de ese personaje principal lo sospecha, y en un momento dado, le pasa por el semblante una toalla empapada y se pone de manifiesto el engaño.... El público pedia la repeticion, y se tiznaba y destiznaba el actor, que era un contento.

En la farsa, las payasadas me parecieron intolerables, y no muy de acuerdo con el respeto al público; pero el servicio de la escena, la parte de maquinaria, es sorprendente.

En la Vuelta al Mundo, que ya tengo dicho que es un embrollo dramático, sin piés ni cabeza, hay dos escenas, que con razon iba mucha gente solo por admirarlas.

Una representa el ferrocarril del Pacífico, atravesando mares de hielo entre inmensas rocas; abismos espantosos y desfiladeros que sobrecogen de terror.... En uno de esos puntos la máquina aulla, presa entre la nieve, los viajeros asoman las cabezas, algunos tratan de huir de una muerte inevitable, y entónces, descolgándose por entre las rocas, caen sobre los viajeros los salvajes, y se emprende encarnizada batalla de puñaladas y pistoletazos.

La otra escena representa la mar enfurecida y el célebre naufragio, que se verifica ántes que el protagonista, que no recuerdo cómo se llama, llegue al término de su viaje.