El viento arrebata en ráfagas impetuosas la obra muerta del inmenso navío, los marinos se entregan á la maniobra con audacia inconcebible, se oyen á lo léjos los gemidos y las deprecaciones de los viajeros de la nave que se hunde.
El vaiven del buque es tremendo; destrozado, abiertos sus costados, lucha aún; pero en medio de esa lucha se levanta en torbellino la llama; el magnífico navío se incorpora una y dos veces como un guerrero moribundo que rodeado de enemigos busca sus armas.... y al fin vacila y se hunde con estrépito, oyéndose un desgarrador gemido entre las olas desencadenadas.
Y es tan cierto cuanto pasa y tan magnífica la representacion, que yo, viejo; yo, gastado; yo, olvidando que estaba en el teatro, grité de espanto y me sentí inundado en sudor, de la congoja que la vista de aquel siniestro me produjo.
Es de advertir, que durante la representacion el salon del espectáculo casi queda á oscuras, el gran candil se sube y oculta en la linternilla del techo, los globos de gas casi se apagan y la iluminacion del palco escénico, que es vivísima, presenta como en relieve la representacion, y es de grande efecto.
En los entreactos se ilumina el salon, suena la orquesta, y en general, señoras y señores, abandonan sus asientos y se dirigen á los corredores exteriores, que son salones magníficos, con alfombras, espejos, sofaes y á veces mesillas en que se sirven á las damas refrescos.
Frecuentemente, despues del teatro, cuyas representaciones terminan á más de las doce de la noche, mis amigos y yo pasábamos al restaurant llamado la Maison Doré, calle de Kearny núm. 117; establecimiento malamente comparado con el Delmónico de New-York.
No obstante, la Maison Doré es el punto en que se reune el mundo elegante, y en que son exquisitos los manjares y esmerado el servicio.
Para emplear la noche las veces que no asistia al teatro, me instalaba en un agradable bar-room, situado en un jardin pequeño, pero perfectamente cultivado, que se llama el Tívoli.
Son dos grandes salones en figura de martillo, hundiéndose en su conjuncion otro saloncito que forma altura y en que se coloca la orquesta.
Los salones de que hablo están en su totalidad cubiertos de mesillas redondas acompañadas de sillas, dejando estrechos tránsitos entre mesa y mesa.