La escuela de Lincoln es un grandioso edificio de dos pisos, coronado por extensa cornisa y rematando en almenas airosas.

El primer piso se compone de una série de salones para las distintas clases, divididos por amplios corredores que reciben las escaleras del primer piso, que es exactamente igual.

La fachada es maciza y severa; pero la alegran vistosos árboles y plantas, y la circunda un elegante barandal de fierro.

A la derecha del espectador, al pié de la ancha escalera del pórtico, se levanta dulce y llena de majestad la estatua de Lincoln, en ademan de invitar á que pasen al establecimiento.

Cuando nosotros entramos eran las nueve y media de la mañana: la persona que nos iba á mostrar la escuela, y es uno de los maestros de mayor categoría, cuyo nombre siento no recordar, se ocupaba en un pequeño despacho en que está la portería, en preparar una leccion sobre objetos.

Abandonó el preceptor su ocupacion, y nos dijo:

—Falta poco ménos de media hora para que los niños tengan sus ejercicios gimnásticos; pero les llamaremos como alarma de fuego, para que vdes. vean á los niños reunidos y juzguen en parte de la disciplina del establecimiento.

Subimos al primer piso y se dió la señal de alarma; oimos al instante un ruido tremendo sobre nuestras cabezas y en el primer piso; pero no desordenado, no tumultuoso, sin que á nadie se escapase un grito, ni hubiera señal del más leve desórden.

Sonaron dos golpes precipitados; entónces, por todas las escaleras que de distintos puntos se desprenden y vienen á convergir al lugar en que nos hallábamos, para derramarse y salir á distintas puertas, salieron rios de muchachos que se precipitaban; pero en hileras, en marcha uniforme, viendo á todos lados, como inquiriendo el lugar del incendio.