Eran cerca de mil los niños que, como raudales, veiamos descender de las alturas; niños desde ocho hasta doce años, perfectamente aseados y peinados, con sus amplias chaquetas, sus holgados pantalones y su lustroso calzado.
La marcha continuó acelerada, porque todas las operaciones se habian verificado en instantes, hasta tocar los niños en las puertas, sin ningun accidente.
—Vea vd. lo que es el órden: bajando en peloton estos niños por las escaleras de madera, me decia Alcalde, habria habido lastimados y atropellados, y habrian tardado doble tiempo.
—Nosotros, dije á Alcalde, en odio al militarismo, vemos de reojo estas formaciones dentro de las escuelas: ellas se prestan á las monerías, empujones y juegos de los niños; pero no tenemos razon: basta solo con la ordenacion de los movimientos, la compostura en el andar, el brío y el despejo de la marcha, para recomendar tal sistema.
Impacientes esperaban los chicos en las puertas, tal vez el toque de salida y dispersion, cuando la campana, porque con campana se daban las señales, llamó á la turba á los patios del gimnasio.
Cesó la alarma, en la misma formacion; pero con la alegría en todos los semblantes, volvieron los jóvenes á los patios, en donde entraron despues de ciertos toques, saltando, gritando, confundiéndose, llenos de contento.
El gran patio del gimnasio se divide en dos secciones, por un gran jacalon central que forma caballete á la altura de las ventanas del primer piso.
Por una de esas ventanas saltó el preceptor, y en pos de él, un ágil muchacho que se terció al hombro la correa de que pendia un tambor, y tocó llamada desde el caballete.
Los chicos se formaron en hileras y por tallas, en ambas secciones del patio, y á los toques comenzaron en un lugar, distintos ejercicios de cabezas, de piés, de manos, de inflexiones y escorzos violentísimos.
Ya corria la luz en los movimientos de los piés, como haciendo olas en los claros que les dejaban los pasos; ya se veian las manos en alto como que aleteaban palomas blancas en tumulto singular; ya parecian los brazos partes componentes de una maquinaria que se estiraba y se encogia; ya los movimientos de las fisonomías centuplicaban las caras y habia como naufragios de ojos, de sonrisas, en mares de cabellos negros y rubios.