—No todo ha de ser Valle de lágrimas, ni todo Fidel, estar como un santo de piedra sin despegar los ojos del libro: ¿no sabes tú que hay máscaras? ¿no sabes que el dios de la locura agita su sonaja y hace repicar los cascabeles de su cucurucho? Disponte, que esta noche se arde el teatro y la vida es bastante amarga, para desperdiciar la ocasion de echarle unas gotitas de miel.

—¿Con esas á mí, eh? ¿con esas? Pues voy al baile, y llevando esta mismísima cara, hago un máscara á pedir de boca: cuenten vdes. conmigo.

Esto dije á mis amigos, Lorenzo, Manuel y Pablo.

Ocupado con tan sério compromiso, me dirigí á la casa de las Sritas. S. y C., como lo tenia pensado; ardia el mundo de entusiasmo, y los preparativos estaban en todo su ardor.

En general, los saloncitos de recepcion de las casas tienen como pared, bajo un elegante arco, dos lienzos corredizos de tablas, que retirándose, se convierten en un salon elegante en las circunstancias graves, y para el ordinario servicio, uno de los saloncitos funge de comedor, asistencia ó gabinete.

Las piezas estaban de telon corrido, viéndose por un extremo, mesa, aparadores, cuadros y muebles de un comedor elegante, y por el otro, piano, sofaes, espejos, consolas, cuadros, candelabros y floreros para salon.

La juventud y la hermosura reinaban: veíanse por aquí afanosas costureras pegando listones y sembrando flores en los trages, que en abultadas ondas caian de los sofaes á la alfombra; por el otro extremo, chicos de buen carácter arreglando sobre la mesa del comedor, cascos y plumeros, mantos de templarios y luengas cabelleras.