Las señoras en un rincon preparaban, para las niñas, peinados, joyas, guantes y cuanto su vanidad maternal les sugeria, para la compostura de las hijas.

Ya se deja entender la animacion de los diálogos, las monerías de las presumidas, que con todo les parecia estar mal y ponerse en ridículo: los recuerdos de las ancianas, los planes de los primitos y los amigos íntimos.

Y al pedirse del hilo, y al valuar el colorete, y al dame ese carrete, y dónde están las tijeras, se interponia una copita de chericordial ó de rompope, ó circulaba un vaso de coptail entre los polacos, ingleses, italianos y mexicanos, que formábamos el grupo masculino.

Es de advertir que por aquellos dias estaban en toda su boga los Valentines: estos Valentines son obsequios de principio de año, por todo el mundo hechos, y recibidos por los papás y mamás más cerriles.

El obsequio del Valentin ó cortejo consiste en cajitas, cuadros y chucherías, envueltas en papeles picados, y llevando en su centro sentencias, versos, ardientes declaraciones de amor y sátiras más ó ménos picantes.

La gracia del Valentin es conservar el más riguroso anónimo, y esto da lugar á chanzas y pesquisas, de que sacan inmenso partido, el amor, el placer y la inocente amistad.

Como es de suponerse, hay Valentines intencionales, y entónces son valiosas cajitas con dulces y alhajas, porta-bouquets de concha, caracoles, nueces y huevos con ricas joyas, ó por el contrario, algun chistoso envía un rizo de canas, una disciplina, ó una caricatura que hace ver estrellas á la obsequiada.

Por supuesto, á las muchachas en cuya casa estaba les habian llovido Valentines. A Ernestina le enviaron una cajita deliciosa, con unos versos ingleses lindísimos, pegados á una áncora de oro (sospecho que era un marino el Valentin); á Virginia, que es como un dulce de agradable, le dirigieron, entre otros Valentines, un guante trunco y un letrero que decia: “Busca el compañero,” y una judía, Raquel, seductora como la beldad bíblica de quien lleva el nombre, recibió en una cajita de ébano un pensamiento, y en el centro un riquísimo diamante, figurando una gota de rocío. En la cajita estaba incrustado, en menudísimas perlas, este nombre: “México.”

Y á la muy linda muchacha Mery le dispararon una caricatura en que acariciaba á un vejete su galan, á quien la preciosa niña profesaba especial antipatía, por meloso y farsante.

La niña lloraba de cólera y se hacia mil conjeturas.