“Don Cárlos Augusto Sutter, dueño del establecimiento de campo conocido con el nombre de la Nueva Helvecia, situado en las márgenes del rio Sacramento, fué nombrado por el Sr. D. Juan B. Alvarado, juez de paz de su establecimiento y comandante militar de aquel rumbo casi desierto.”
Continúa el Sr. Castañares:
“Puerto de Depósito.—Desde el año de 1825 se ocupó ya de este asunto una junta nombrada por el supremo gobierno para proponer los medios más conducentes al progreso, cultura y civilizacion de las Californias. Desde entónces se conoció la importancia que podria cobrar esta península mexicana por su situacion topográfica en el comercio del Asia, haciéndola el centro de las especulaciones que las diferentes partes de Europa emprenden con la China. Se propuso por aquella ilustrada junta el establecimiento de una compañía de comercio directa con el Asia por el mar Pacífico en el puerto de Monterey, que deberia denominarse: “Compañía Asiático-Mexicana, protectora del fomento de la Península de California.”
Por último, como un grito de desesperacion terrible; como una profecía espantosa; como un anatema, se repite en ese cuaderno, hablando al gobierno: “Si no atendeis pronto á California, se pierde sin remedio!”
¡Cuán dolorosas reflexiones me sugirió la lectura del interesante cuaderno á que acabo de referirme.
Nuestra inmensa costa del Pacífico propicia como las Californias al comercio con las otras Américas y con el Asia, se encuentra en completo abandono. Sus desiertos, su sistema fiscal, sus caminos, todo la condenan á la absorcion de los Estados-Unidos, y á ello coopera la ceguedad de los gobiernos y su respeto á los bastardos intereses que mantienen en sus puestos á los politicastros de la capital.
No hay remedio: si en la lucha indeclinable de intereses con los Estados-Unidos está de nuestra parte la barbarie, la repulsion y la indolencia, y de parte de ellos la civilizacion, la confraternidad y el trabajo, la derrota será nuestra, pronto, y lo que es más doloroso, con aplauso de la humanidad entera.
Si tiene un inmenso puerto de depósito San Francisco, convirtamos nosotros en puertos de depósito, desde la Baja California hasta Acapulco; si llama San Francisco la colonizacion por medio de sábias leyes y de franquicias, mejoremos esas leyes y séamos más liberales; si aquellos inquietan á los chinos, llamémoslos nosotros con mayores atractivos.
El arancel americano es absurdo y sacrifica á la codicia del Norte y del Este los intereses del Sur y del Oeste; en esa tarifa hay una cotizacion insostenible: declaremos libres de todo derecho los artículos gravados por ellos, y veremos efectuarse una revolucion que nos sorprenderá á nosotros mismos.