La creacion del ferrocarril de Veracruz, tiene dividida á la República y condenados á los Estados distantes de la vía á la miseria y á la muerte, entre tanto los Estados de Occidente oyen los gritos de la locomotora del Pacífico ofreciéndoles salvacion. No volvamos la espalda á esta situacion, atendamos á esos Estados, porque se perderán sin remedio, como decia hablando de California su diputado Castañares.
Muy loable es el empeño para extender la línea de ferrocarriles, ligando al Atlántico con el Pacífico; pero en mucho se esterilizarán esos esfuerzos, si no se procuran cambios, si los ferrocarriles no dan consumidores; si esas arterias no llevan sangre, ¿de qué servirán? La cuestion hacendaria de México es su cuestion social y política, y solo un conjunto de medidas sábias puede proveer á las necesidades del Occidente y de nuestras fronteras.
Pero ya se encargará algun rábula de algun Club de proponer la panacea para nuestros males públicos, exagerando el proteccionismo.
Fijemos sobre todo nuestra atencion en que esas familias y esos capitales que ingresan á San Francisco procedentes de Sonora, Sinaloa y la Baja California, aunque parecen abandonar nuestro suelo accidentalmente, quitan vigor, trabajo y recursos de subsistencia á los pueblos que abandonan, presentando contrastes que ceden en mengua y en empobrecimiento de nuestra patria.
Esos hombres han emigrado por el pésimo sistema de impuestos, por las extorsiones de los jefes militares, por los robos oficiales que se llaman préstamos forzosos, por el plagio oficial que se llama leva y por el estúpido provincialismo que repele y ahuyenta todas esas poblaciones, que al principio escuchaban con espanto y odio los amagos de anexion al Norte, y que hoy han perdido mucho de su energía patriótica.
Muy tristes consideraciones me sugirió el cuaderno del Sr. Castañares, y quién sabe hasta dónde las habria extendido, con riesgo de dormir á mis lectores, cuando tocó á mi puerta Gomez del Palacio.
XVII
Laborio de minas.—Un almuerzo.