—Ya escucho á vd.

—James Lick nació en Frederisckburg de Pensilvania: en sus primeros años apénas pudo recibir la educacion que se daba entónces en las escuelas públicas de primera enseñanza.

Muy muchacho, entró de aprendiz en una fábrica de órganos, en donde no solo aprendió el oficio, sino que adquirió vastos conocimientos en el comercio de pianos, que siguió despues con tan buen éxito.

En 1819, ocupaba Lick un puesto distinguido en una fábrica de pianos de Baltimore.

Al siguiente año se separó de Baltimore y se dirigió á Buenos Aires, donde su habilidad financiera, su constancia y su honradez, le procuraron una fortuna de cuarenta mil pesos al cabo de doce años, con la que regresó á establecerse como fabricante de pianos en Filadelfia. Pero apénas se habia instalado en su país natal, cuando la espectativa de lucrativos negocios, lo llamó á Buenos Aires de nuevo.

Entónces conoció California, viajó por Buenos Aires, Valparaiso, Chile, el Perú y México, y en 1847 se fijó definitivamente en San Francisco.

Su génio lucidísimo fungió como de adivinacion de la suerte, que á poco deparó á San Francisco el descubrimiento de los placeres de oro.

Compró un lote en estos ántes vastos arenales, en cinco mil pesos, en la calle de Montgomery, que vendió despues á la Compañía de Seguros en treinta mil pesos.

Era el año de 1848; la fiebre del oro estaba en todo su auge. Lick se entrega á atrevidas especulaciones, engrandeciéndose su génio á medida que los negocios se hacian más cuantiosos.

En el naciente pueblo de San José establece en ese tiempo un molino de harina, de tal magnificencia, de tan grandiosas proporciones, que se le dió el nombre de la “Locura de Lick,” porque no podia presumirse que aquel pueblo correspondiese á los costos de la maquinaria y de la fábrica, que fueron de doscientos mil pesos.