Cansada de fatiga, cual si el aura
Tierna te prodigara sus caricias,
A su encanto dulcísimo te entregas,
Calma tu enojo, viertes tus sonrisas,
Y como niña con las olas juegas
Cuando te dan su música las brisas.

Tú eres un sér de vida y de pasiones:
Escuchas, amas, te enloqueces, lloras,
Nos sobrecoges de terrible espanto,
Embriagas de grandeza y enamoras.

Cuando por vez primera ¡oh mar sublime!
Me ví junto de tí, como tocando
El borde del magnífico infinito,
Dios, clamó el labio en entusiasta grito:
Dios, repitió tu inquieta lontananza:
Y Dios, me pareció que proclamaban
Las ondas, repitiendo mi alabanza.

Entónces ¡ay! la juventud hervia
En mi temprano corazon, la suerte
Cual guirnalda de luz embellecia
La frente horrible de la misma muerte.
Y grande, grande el corazon, y abierto
Al amor, á la patria y á la gloria,
Émulo me sentí de tu grandeza
Y mi orgullo me daba la victoria.

Entónces, el celaje que cruzaba
Por el espacio con sus alas de oro,
De la patria me hablaba.
Entónces ¡ay! en la ola que moria
Reclinada en la arena sollozando,
Recordaba el mirar de mi María,
Sus lindos ojos y su acento blando.
Si una huérfana rama atravesaba,
Juguete de las ondas, cual yo errante,
Léjos de su pensil y de su fuente,
La saludaba con mi voz amante,
La consolaba de la patria ausente.

Si el pájaro perdido iba siguiendo,
Rendido de fatiga, mi navío,
¡Cuánto sufrir, Dios mio!
Su ala se plega, aléjase la nave,
Y se esfuerza, y se abate y desfallece,
Y convulsa, arrastrándose en las ondas,
El hijo de los bosques desparece.

En tanto, tus inmensas soledades
La gaviota recorre, desafiando
Las fieras tempestades.
Entónces, en la popa dominando
La inmensa soledad, me parecia
Que una voz á lo léjos me llamaba,
Y acentos misteriosos me decia:
Y yo le preguntaba:
¿Quién eres tú? ¿de la creacion olvido
Te quedaste sus formas esperando
Engendro indescifrable, en agonía
Entre el ser y el no ser siempre luchando?
¿Al desunirse de la tierra el cielo,
En tus entrañas refugiaste el caos?
¿O mágica creacion, rebelde un dia
Provocaste á tu Dios, se alzó tremendo:
Sobre tu frente derramó la nada
Y te dejó gimiendo
A tu muro de arena encadenada?

¿O promesa de bien, en tus cristales
Los átomos conservas, que algun dia
Cuando la tierra muera,
Produzca con encantos celestiales
Otra luz, otros séres, otro mundo,
Y entónces nuestro suelo
A tus plantas se llame mar profundo
En que retrate su grandeza el cielo?

Hoy llegué junto á tí como otro tiempo
Siguiendo ¡oh libertad! tu blanca estela;
Hoy llegué junto á tí cuando se hundia
En abismos de horror y de anarquía
La linfa de cristal de mi esperanza,
Y hoy como en otro tiempo la voz mia,
En himno se tornó de tu alabanza.