Porque tú eres un poema de grandeza,
Porque en tí el huracan sus notas vierte,
Luz y vida coronan tu cabeza,
Tienes por pedestal tiniebla y muerte.
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Nadie muere en la tierra; allí se duerme
De tierna madre en el amante pecho:
Velan cipreses nuestro sueño triste
Y riegan flores nuestro triste lecho.
Solitaria una cruz dice al viajero
Que pague su tributo
De lágrimas y luto
En el extenso llano y el sendero.
En tí se muere ¡oh mar! ni la ceniza
Le das al viento: en la ola que sepulta
La rica pompa de poblada nave
Nada conserva las mortales huellas,
Se pierden.... y en tu seno indiferente
Nace la aurora y brillan las estrellas.
A tí me entrego ¡oh mar! roto navío,
Destrozado en las recias tempestades,
Sin rumbo, sin timon, siempre anhelante
Por el seguro puerto,
Encerrando en mi pecho dolorido
Las tumbas y el desierto....
Pero humillado no; y en mi fiereza,
A tí tendiendo las convulsas manos,
Sintiendo en tí de mi alma la grandeza,
Y ahogando mi tormento,
Le pido á Dios la paz de mis hermanos:
Y renuevo mi augusto juramento
De mi odio á la traicion y á los tiranos.
Enero de 1877.
A bordo del “Granada” en el mar Pacífico.
Guillermo Prieto.
El amor irreflexivo de padre me hizo enseñar mis versitos, y cátenme vdes. en posesion de la más molesta, perjudicial y engorrosa para mí, de todas las reputaciones: la reputacion de poeta.